| Tema: Dios | Jesus
Christ
¿Cómo puede ser moralmente correcto que Jesucristo muriera por nuestros pecados?
A primera vista parece imposible que una persona muera de manera justa por los pecados de otra. Si un juez eligiera de manera arbitraria a alguien inocente –digamos, a un esposo fiel y padre amoroso– para que fuera ejecutado en lugar de algún conocido asesino en serie como Ted Bundy, estaríamos moralmente escandalizados. He aquí unas cuantas razones para ello: Castigar a un hombre inocente pone de cabeza los principios de justicia.
En vez de ser recompensado por su virtud, se le castigaría por
los actos de maldad de otro. En primer lugar, Cristo está íntimamente relacionado con nosotros (Isaías 7:14; 9:6). Él es hombre, pero no sólo eso. Es la Palabra eterna, el Creador del universo, el Arquitecto de la existencia, de la vida y del conocimiento. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho (Juan 1:1-3).(Véanse también las respuestas a las preguntas: ¿Cómo podía Jesús ser Dios y Hombre al mismo tiempo?; ¿Cómo podía Jesús ser Dios si tenía las limitaciones de un ser humano?) En segundo lugar, la muerte del Mesías satisface los principios
de justicia en vez de violarlos. Reconcilia la santidad de Dios con Su
amor. De hecho, sin la muerte sustitutoria de Cristo los planes de Dios
para el universo jamás se habrían podido cumplir. Como el padre del hijo pródigo en la parábola de Jesús
(Lucas
15), Dios dio a Sus hijos e hijas la libertad de fracasar e incluso
de rechazar Su señorío. Y como el padre del hijo pródigo,
los ama más allá de toda medida y anhela su redención. El sacrificio del Hijo de Dios en nuestro lugar logró algo que
no se podía hacer de ningún otro modo. Sólo el poder
y la sabiduría infinitos de Dios pueden cancelar los efectos de
nuestro pecado y llevar al universo a que esté en conformidad
con Sus santos propósitos. Al identificarse totalmente y sin reservas
con Sus criaturas caídas, logró lo que éstas en
su libertad no habían podido hacer, y asumió las consecuencias
del mal uso de dicha libertad. El sacrificio de Dios en Jesucristo, tan diferente a la muerte de un simple hombre por otro, hizo posible que llegáramos a la perfección de hijos de Dios (Romanos 8:16-21; Gálatas 3:26-29). No sólo es moralmente correcto que Cristo muriera por nosotros, sino que es la única esperanza para que alguna vez seamos moralmente justos delante de Dios, el Juez justo. Escrito por: Dan Vander Lugt
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