| Tema: Ética | El pecado
¿Por qué condenó Jesús las pretensiones de superioridad moral de los fariseos con mayor fuerza que las transgresiones de los «pecadores públicos»?
Jesús condenó la hipocresía con pretensiones de
superioridad moral de los fariseos porque los cegaba y les impedía
ver su necesidad de arrepentimiento y de un Salvador.
Jesús no se relacionó con «pecadores conocidos» como los publicanos porque minimizara el pecado de éstos (Lucas 19:1-10). Libremente se relacionó con ellos porque sabía que estaban más abiertos al arrepentimiento.
Los «pecadores» conocidos no estaban llenos de orgullo con pretensiones de superioridad moral, escondiendo deliberadamente sus pecados ocultos detrás de una fachada legalista de «justicia». Jesús fue intensamente irónico cuando dijo: «No he venido a llamar a justos al arrepentimiento.» Él sabía que los fariseos no eran justos, pero su apariencia de justicia les impedía aceptar el único remedio para su condición: el arrepentimiento y la fe en Él. Los pecados obvios de los «pecadores públicos» hicieron que fuera más probable que ellos se arrepintieran y buscaran en Jesús las respuestas que necesitaban. Todos somos pecadores, tanto interna como externamente. Aunque puede que no seamos «pecadores públicos» conocidos, todos compartimos una naturaleza caída y a menudo nos controla la «carne», el –«principio del pecado»– dentro de nosotros (Romanos 8). Las severas advertencias de Jesús a los fariseos hipócritas explicaron claramente que el pecado que ignoramos y negamos no es menos grave en cuanto a sus efectos que el pecado del pecador público. Escrito por: Dan Vander Lugt |