Tema: Relaciones interpersonales | Entre naciones
¿Por qué algunas personas odian a los Estados Unidos?
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  • Existen muchas razones por las que la gente odia a los Estados Unidos. Algunas son racionales y otras no. Claro que ninguna de las razones que la gente tiene para odiarnos justifica el terrorismo ocurrido el 11 de septiembre. Si los Estados Unidos responden pasivamente a ese horrible acontecimiento invitarían más atrocidades. Al mismo tiempo, nuestra respuesta nacional a ese horrible hecho será tan eficaz como lo sea nuestra debida comprensión del odio que hay detrás.

    Algunas de las razones por las que los Estados Unidos son odiados son claramente irracionales, incluso erradas moralmente. Entre ellas están la envidia de nuestra riqueza, libertad, productividad y poder. Mucha gente que vive bajo gobiernos autoritarios en tierras relativamente empobrecidas no comprenden el sistema de libre mercado que ha contribuido a la riqueza de los Estados Unidos. Tampoco entienden la naturaleza de la libertad personal en occidente, sin darse cuenta de que a pesar de que nuestra cultura permite que la gente y los grupos se comporten de una manera decadente y autodestructiva, la mayoría de nuestros ciudadanos no aprueba dicha conducta.

    Estas razones son inexcusables, pero también somos odiados por otros motivos que son más legítimos.

    Durante los pasados dos siglos, los Estados Unidos se han convertido en el poder económico, político y cultural más grande del mundo. Sin embargo, el pueblo estadounidense no puede acreditarse todo el éxito. La nación tiene inmensos recursos naturales, grandes mares para protegerla de disturbios en otros continentes, y una población libre de muchas de las restricciones de clases y estructuras sociales que limitan el logro personal en otras tierras. Los Estados Unidos han tenido el privilegio de tener un gobierno que ha redefinido la libertad individual y los derechos humanos sobre la base de algunos de los principios más avanzados de la cultura occidental y los valores cristianos.

    Muchos estadounidenses, tal vez la mayoría, no ha comprendido que el privilegio implica responsabilidad. En Francia, a finales del siglo XVIII, el abuso de los privilegios por parte de una aristocracia culturalmente refinada y "cristiana" de nombre llevó a una rebelión, al derrocamiento de la monarquía y al rechazo total del cristianismo. Lo mismo sucedió en Rusia a principios del siglo XX.

    La tecnología de hoy está haciendo al mundo más pequeño. Todas las naciones son virtualmente vecinas. Los Estados Unidos han estado a la vanguardia de la globalización, y se nos ve como el vecino más envidiado. En este vecindario global, vamos a ser juzgados por nuestra conducta.

    ¿Qué ve la gente pobre del mundo y con menos ventajas sociales cuando mira a los Estados Unidos? Ve una nación que proclama con orgullo su preocupación por la democraia, al tiempo que apoya dictadores y se opone implacablemente a movimientos democráticos en favor de los intereses estadounidenses. Por lo general, eso es lo peor de los Estados Unidos: representaciones gráficas de violencia, pornografía, corrupción moral y un materialismo craso. Esas imágenes ampliamente extendidas de la decadencia estadounidense son ofensivas a las personas poco privilegiadas que luchan contra enormes obstáculos para encontrar significación en la vida y suplir las necesidades básicas de sus familias. Peor aún, muchos de los pobres del Tercer Mundo ven a sus propios gobiernos opresores y corruptos como clientes del poder occidental. Los musulmanes, en particular, consideran a Israel un estado racista impuesto a la fuerza en Palestina a expensas de sus habitantes legítimos y mantenidos por el apoyo militar y económico de los Estados Unidos.

    El pueblo estadounidense es heredero de una cultura versada en tradición bíblica, y no debería sorprendernos que el mundo juzgue a nuestra nación por su conducta. Los profetas del Antiguo Testamento advirtieron incansablemente a Israel acerca de ese mismo asunto de carácter nacional:

    Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. … ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos! ¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida; los que justifican al impío mediante cohecho, y al justo quitan su derecho! Por tanto, como la lengua del fuego consume el rastrojo, y la llama devora la paja, así será su raíz como podredumbre, y su flor se desvanecerá como polvo; porque desecharon la ley de Jehová de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel (Isaías 5:1-2,20-24).

    Iré a los grandes, y les hablaré; porque ellos conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios. Pero ellos también quebraron el yugo, rompieron las coyundas. Por tanto, el león de la selva los matará, los destruirá el lobo del desierto, el leopardo acechará sus ciudades; cualquiera que de ellas saliere será arrebatado; porque sus rebeliones se han multiplicado, se han aumentado sus deslealtades. ¿Cómo te he de perdonar por esto? Sus hijos me dejaron, y juraron por lo que no es Dios. Los sacié, y adulteraron, y en casa de rameras se juntaron en compañías. Como caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su prójimo. ¿No había de castigar esto? dijo Jehová. De una nación como esta, ¿no se había de vengar mi alma? (Jeremías 5:5-9).

    Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos. Pisotean en el polvo de la tierra las cabezas de los desvalidos, y tuercen el camino de los humildes; y el hijo y su padre se llegan a la misma joven, profanando mi santo nombre. Sobre las ropas empeñadas se acuestan junto a cualquier altar; y el vino de los multados beben en la casa de sus dioses. Yo destruí delante de ellos al amorreo, cuya altura era como la altura de los cedros, y fuerte como una encina; y destruí su fruto arriba y sus raíces abajo (Amós 2:6-9).

    La gente en todo el mundo a menudo reconoce su dependencia de Dios, incluso cuando entienden poco acerca de Él o de su plan de salvación. Cuando luchan para vivir responsablemente para sobrevivir apenas naturalmente se ofenden con los ricos y poderosos que derrochan la libertad y viven negligentemente. En general es verdad que el bienestar de los pobres depende de la religión de los ricos. Siempre que los ricos no se comportan justa y moralmente para con el pobre, ofenden el sentido de justicia y significación de la persona pobre, y arruina su esperanza de felicidad. La decadencia autoindulgente de nuestra cultura justifica la crítica expresada en este recorte de un periódico musulmán:

    "Existen en este mundo nuestro tiranos que imponen su autoridad por la fuerza, gente que sólo está interesada en los deseos carnales y no le gusta ser seria, el injusto que aborrece la justicia, el descarriado que no contempla por un momento una actitud derecha, así como aquellos que piensan mal de toda cosa recta y consideran que todo lo malo es bueno. No hay nación, mucho menos la humanidad como un todo, que pueda prosperar a menos que prevalezca la bondad, que se haga lo correcto, y que se deseche lo malo. De ahí la necesidad de tener una autoridad que promueva la bondad y la rectitud y combata el mal. Lo que es más, esta autoridad debe ser obedecida" (tomado de The Islamic Voice, septiembre del 2000).

    Si la perspectiva que tiene una persona de Dios hace que la salvación sea incierta -de hecho, garantizada únicamente a los que mueren en una "guerra santa"- no debería sorprender a nadie que pueda llegar al punto del fanatismo y el odio suicida.

    Los cristianos deberían ser los primeros en dar el ejemplo de una manera de vivir responsable, y estar preparados para explicar a otros estadounidenses la necesidad que tienen ellos de lo mismo. En un mundo que está hambriento de significación y esperanza, los cristianos estadounidenses, por encima de todo, deberían estar preparados para ofrecer evidencia de que Dios existe, ayudar a proporcionar un denominador común de comprensión y confianza, y dar ejemplo de compasión a los pobres y oprimidos del mundo.

    No hay razones de odio que justifiquen el asesinato intencionado de civiles desarmados. El gobierno y los ciudadanos de los Estados Unidos están obligados a llevar a cabo una vigorosa defensa contra el aumento del terrorismo. Pero erraríamos si pensáramos que podemos confiar en el poder solamente para resolver los problemas del mundo (Isaías 31:1). Puesto que hemos sido bendecidos por un Dios de amor generoso, debemos acudir a Él arrepentidos y procurar ofender lo menos posible a un mundo que nos observa (Romanos 12:18).

    Escrito por Dan Vander Lugt


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