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Tema: Relaciones interpersonales | Confrontación
¿Se les debe enseñar a los niños que está bien responder a la provocación bajo ciertas circunstancias -por ejemplo, contra los niños abusadores-, o se les debe decir que "pongan la otra mejilla"?
Por medio de palabras y ejemplo, los padres deben enseñar a sus hijos desde temprana edad a tratar a los demás con respeto, a ser amables y justos, a ejercer dominio propio, y a suprimir el impulso de buscar venganza. 1 Además, a los niños se les debe enseñar cómo cooperar con la autoridad siempre que sea posible para apaciguar las situaciones. Pero sería peligroso enseñar a un niño que siempre es malo protegerse y defender sus intereses. Jesús entendía a los niños. Podemos estar seguros de que cuando Él los tomó en sus brazos y dijo que todos necesitamos ser como ellos para entrar en el reino de Dios (Marcos 10:13-16), no fue ingenuo acerca de lo crueles que pueden ser. El patio de recreo, a su manera, es una jungla tan despiadada como la mayoría de las esferas de la vida adulta. Es probable que un niño enseñado a diferir incondicionalmente a los demás desarrolle un patrón paralizante de evasión y un temor al conflicto no saludable. Una mente inmadura puede fácilmente ser moldeada a pensar que es un "acto de amor" retirarse de la confrontación, ser cobarde cuando se necesita valor. Si seguimos la "regla de oro" -"Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas" (Mateo 7:12)- no siempre permitiremos a los agresores que lleven a cabo su agresión con éxito. Si lo hacemos, fomentamos una conducta que les hace daño. A los niños hay que enseñarles a refrenarse, que es la capacidad de discernir cuánta fuerza se necesita, y a no aplicar más fuerza de la necesaria. Esto puede implicar "poner la otra mejilla". 2 Pero los niños a veces tienen que enfrentar abusadores que no les dejan otra opción más que resistir o ser víctimas de abuso. A veces un abusador se va sin que se dé ni un solo golpe, sólo ante el reconocimiento de que un niño no está dispuesto a ser dominado. En otras ocasiones, puede sobrevenir una pelea que termine con poco daño real en cada niño, pero que deje al niño que rehusó ser dominado en mucho mejor condición y con más autoestima. Los niños no son adultos en miniatura. Los adultos pueden tener la madurez de entender las profundas afirmaciones de Jesús, aunque sea una lucha para ellos vivir conforme a las mismas. No debemos esperar que los niños comprendan las cosas más allá de su desarrollo espiritual y emocional. Hacerlo probablemente los provoque a ira (Efesios 6:4), o los haga tropezar (Lucas 17:1-2). Tenemos que protegerlos cuando sea posible, pero también necesitamos permitirles que desarrollen las herramientas que van a necesitar para entender y responder eficazmente a los desafíos de la vida adulta. Notas:
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