
Lectura: Filipenses 2:12-24
La Biblia En Un Año: Deuteronomio 11-13, Marcos 12:1-27
Pues a nadie más tengo del mismo sentir mío y que esté sinceramente interesado en vuestro bienestar. --Filipenses 2:20.
Aunque Billy Connors no era un gran atleta, mucha gente lo considera hoy el mejor entrenador de lanzadores de béisbol de grandes ligas. Joe Torre, dirigente del equipo Los Yankees de Nueva York, dijo: "A veces los mejores jugadores no saben entrenar porque eran así por naturaleza . . . mientras que tipos como Billy tuvieron que trabajar en ello y prestar atención a los detallitos."
Connors también conoce a los hombres a quienes entrena y se preocupa por ellos. Todos han ido a comer a su casa. La preocupación genuina que demuestra por ellos hace que estos hombres quieran escucharle.
Esta descripción de un entrenador solícito y competente me puso a pensar en Timoteo, del Nuevo Testamento. A pesar de que a veces parecía tímido y temeroso (2 Timoteo 1:6-8), Pablo lo consideraba probado y confiable cuando se trataba de guiar a otros. El apóstol escribió: "Mas espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo . . . Pues a nadie más tengo del mismo sentir mío y que esté sinceramente interesado en vuestro bienestar" (Filipenses 2:19-20).
El entrenamiento espiritual no consiste solamente en decir a la gente cómo lograr grandes cosas para Dios. Comienza por preocuparse por ellos y ganarse el derecho a ser escuchado. Luego, con una vista aguda y una palabra amable, podemos alentar a los demás en el camino de la fe.
Cualquier cristiano puede convertirse en un gran entrenador espiritual por medio de la gracia de Dios. --DCM
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