
Lectura: Deuteronomio 33:26-29
La Biblia En Un Año: Números 17-19, Marcos 6:30-56
El eterno Dios es tu refugio, y debajo están los brazos eternos. . . . . --Deuteronomio 33:27.
Después de un ensayo en el Carnegie Hall de Nueva York, Randall Atcheson se sentó solo en el escenario. Había navegado con éxito las intrincadas composiciones para piano de Beethoven, Chopin y Liszt para el programa de la noche, y quería tocar una pieza más para él mismo. Lo que salió de sus manos y de su corazón fue un viejo himno: "No hay que temer, ni que desconfiar, en los brazos de mi Salvador; por su gran poder Él me guardará, de los lazos del engañador."
Esas palabras hacen eco de la verdad que hay en la bendición final de Moisés: "Nadie hay como el Dios de Jesurún, que cabalga los cielos para venir en tu ayuda, y las nubes, en su majestad. El eterno Dios es tu refugio, y debajo están los brazos eternos" (Deuteronomio 33:26-27).
¡Qué regalo tenemos en nuestros brazos y en nuestras manos! Pueden blandir un martillo, cargar a un niño o ayudar a un amigo. Pero mientras nuestra fortaleza es limitada, el poder sin límites de Dios para con nosotros se expresa en un cuidado potente y a la vez tierno. "He aquí, no se ha acortado la mano del Señor para salvar. . ." (Isaías 59:1). ". . . en su brazo recogerá los corderos, y en su seno los llevará. . ." (Isaías 40:11).
Sea cual fuere el desafío o la oportunidad que enfrentes, hay seguridad y paz en los brazos eternos de Dios. --DCM
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