
Lectura: Salmo 32:8-11
La Biblia En Un Año: Levítico 1-3, Mateo 24:1-28
No seáis como el caballo o como el mulo, que no tienen entendimiento; cuyos arreos incluyen bocado y freno para sujetarlos. . . . --Salmo 32:9.
En un rancho de Colorado adonde trabajé una vez teníamos un mulo llamado Prunes. Era grande, fuerte e inteligente. También era la cabecilla de una pequeña banda de caballos que escapaban regularmente del corral.
Una noche nos ocultamos cerca del granero para ver cómo salían. Justo antes de anochecer, Prunes se acercó a la puerta, soltó la aldabilla con la nariz, y luego dio con la cabeza contra la palanca. La puerta se abrió y Prunes dio un resoplido de satisfacción mientras él y sus amigos trotaban hacia la libertad.
Prunes era listo, pero también terco, y sólo alguien que fuera experto y fuerte podía montarlo.
Tal vez el salmista estaba pensando en un animal como ese cuando escribió: "No seáis como el caballo o como el mulo, que no tienen entendimiento; cuyos arreos incluyen bocado y freno para sujetarlos, porque si no, no se acercan a ti" (Salmo 32:9).
El Señor anhela guiar a sus hijos de una manera muy distinta: "Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti" (v.8). Basta con una mirada del Señor para que un cristiano obediente y cooperador se mantenga en el camino correcto. Se necesita un freno y un cabestro para dirigir a un mulo terco.
¿Cómo será para nosotros hoy? --DCM
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