
Lectura: Lucas 7:36-50
La Biblia En Un Año: Éxodo 34-35, Mateo 22:23-46
. . . si alguno es sorprendido en . . . falta . . . restauradlo en . . . mansedumbre. . . . --Gálatas 6:1.
Hoy día oímos hablar mucho de imitar el ejemplo de Jesús "aceptando" y "afirmando" a la gente tal como es. La implicación es que no debemos confrontarlos nunca cuando hacen algo malo.
Sí, Jesús amaba y aceptaba a la gente, pero no dejaba de confrontarla. Eso lo vemos en Lucas 7.
Jesús había aceptado una invitación a cenar de parte de Simón, un fariseo que confiaba en su propia justicia. Mientras se encontraba en su casa, el Señor permitió que una mujer de mala reputación le lavara los pies con un caro aceite perfumado. Jesús conocía los pensamientos de juicio de Simón mientras la mujer le demostraba su amor abundantemente (vv.36-39). Así que confrontó al fariseo acerca de su hipocresía.
Es probable que Simón hubiera invitado a Jesús a su casa para tratar de tenderle una trampa. Jesús le recordó que él no le brindó la cortesía que normalmente se le brinda a un invitado (vv.44-46). Luego reconoció el mal que había en el pasado de la mujer y la autenticidad de su arrepentimiento. El Señor dijo: ". . . sus pecados, que son muchos, han sido perdonados. . ." (v.47).
Jesús era respetuoso con los religiosos que confiaban en su propia justicia, los cobradores de impuestos deshonestos y las prostitutas. Sin embargo, nunca restó importancia a sus pecados. Amaba a la gente lo suficiente como para confrontarla. Y nosotros deberíamos hacer lo mismo. --HVL
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