
Lectura: Salmo 2
La Biblia En Un Año: Génesis 33-35, Mateo 10:1-20
El que se sienta en los cielos se ríe, el Señor se burla de ellos. --Salmo 2:4.
Una noche me encontraba lavando mi auto cuando el sol se preparaba para dar las buenas noches a la tierra. Echando un vistazo hacia arriba, impulsivamente señalé la manguera hacia él como si fuera a extinguir sus llamas. Me di cuenta de lo absurdo de mi acción y me reí.
Entonces pensé en la risa de Dios en el Salmo 2. Unas naciones malvadas estaban conspirando para destronar al ungido de Dios, oponiéndose así, en realidad, al mismo Todopoderoso. Pero Él se sienta en los cielos, calmado y sin sentirse amenazado. Los esfuerzos más audaces del hombre de oponerse a tan imponente poder son absurdos. El Todopoderoso ni siquiera se levanta de su trono; se limita a reírse burlándose.
Pero, ¿acaso se trata de una risa descorazonada y cruel? ¡No! Su misma infinita grandeza que se burla del desafío del hombre también caracteriza su compasión por él en su condición perdida. Es el mismo Dios que no se complace en la muerte del impío (Ezequiel 33:11). Y fue el Salvador encarnado que lloró sobre Jerusalén cuando su propio pueblo lo rechazó (Mateo 23:37-39). Él es grande en juicio, pero también en compasión (Éxodo 34:6-7).
La risa de Dios nos da la seguridad de que Cristo a la larga triunfará sobre el mal. Todo desafío a Él o a su voluntad será inútil. En vez de oponernos al Hijo, debemos someternos al Señor Jesús y refugiarnos en Él. --DJD
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