
Lectura: Apocalipsis 3:14-22
La Biblia En Un Año: Génesis 27-28, Mateo 8:18-34
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. . . . --Apocalipsis 3:20.
De joven, C. S. Lewis abandonó la fe en Dios que tenía en su niñez y declaró su falta de creencia en la religión diciendo que todos eran mitos creados por el hombre. Años más tarde, después de reconocer a Jesús como el Hijo de Dios y su Salvador, Lewis escribió de aquella época en su libro Surprised by Joy [Sorprendido por el gozo]. Dijo:
"No había una palabra en mi vocabulario que expresara un odio más profundo que la palabra interferencia. Pero el cristianismo colocó en el centro lo que entonces me parecía un Intruso trascendental. No había región, ni siquiera en la profundidad más interna del alma, que uno pudiera rodear con una cerca de alambres de púa y proteger con un cartel que dijera: "Prohibida la entrada". Y eso era lo que yo quería; un área, por pequeña que fuera, de la cual pudiera decir a todos los demás seres: "Esto es asunto mío y mío nada más.""
Toda persona tiene derecho a decir a Dios: "Déjame tranquilo. No me molestes." Pero el Señor tiene derecho a buscarnos con su persistente misericordia. A la iglesia autosatisfecha de Laodicea, el Cristo resucitado dijo: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo" (Apocalipsis 3:20).
Por su gracia, el Señor sigue llamando, listo para llenar nuestra vida de su amor. --DCM
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