Nuestro Pan Diario

2 de octubre, 2005


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Cuando hablamos neciamente

Lectura: Salmo 39

La Biblia En Un Año: Ester 8-10

Aparta de mí tu mirada, para poder alegrarme, antes de que me vaya de aquí, y ya no exista. --Salmo 39:13.


Cuando Phillip E. Johnson, el antiguo profesor de leyes, sufrió un derrame cerebral, tenía tanto miedo de quedar mental y físicamente impedido que deseó que el médico le diera una muerte sin dolor. Dijo: "Aquel fue un pensamiento necio, pero no el último pensamiento necio que habría de tener."

En mi propio ministerio pastoral he escuchado a algunos hijos de Dios expresar pensamientos peores que los de Johnson, incluso palabras rebeldes contra Dios.

El Salmo 39 ofrece consuelo a la gente que lamenta las cosas imprudentes que han dicho en tiempos de desesperación. David estaba gravemente enfermo y se sentía desesperado cuando escribió el salmo. Al principio guardó silencio para no hablar neciamente (vv.1-3). Pero cuando no se pudo contener más, hizo una magnífica oración (vv.4-9).

Sin embargo, en los versículos 10 y 11 su tono comenzó a cambiar. Según el erudito británico Derek Kidner, David habló neciamente cuando dijo: "Aparta de mí tu mirada, para poder alegrarme, antes de que me vaya de aquí, y ya no exista" (v.13). David expresó una actitud desesperada hacia la muerte, y dijo a Dios, en efecto: "Déjame tranquilo." Kidner comenta que Dios incluyó esta oración en la Biblia para asegurarnos que cuando decimos cosas por desesperación, Él comprende. Y cuando le decimos cuánto lo sentimos, nos perdona generosamente. --HVL

NUESTRA LENGUA PUEDE SER NUESTRO PEOR ENEMIGO.

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