Lectura: Hebreos 2:5-18
La Biblia En Un Año: Ezequiel 46-48
Porque tanto el que santifica como los que son santificados, son todos de un Padre; por lo cual Él no se avergüenza de llamarlos hermanos. --Hebreos 2:11.
Cuando hicieron el anuncio de que nuestro vuelo estaba retrasado una hora y media porque el mal tiempo en Chicago sólo estaba permitiendo que aterrizaran algunos aviones, se oyó un coro de quejidos. Pero poco tiempo después, otro anuncio hizo que esas mismas personas expresaran regocijo. Nos dijeron que un transportador médico estaba llevando médula necesaria para un transplante, y esto dio a nuestro vuelo alta prioridad para aterrizar en Chicago. En unos cuantos minutos estábamos de camino, "llevados" por la importante misión de otra persona.
Cuando aterrizamos y estacionamos directamente en la puerta en O'Hare, uno de los aeropuertos más transitados del mundo, pensé en Jesucristo, quien, por medio de su muerte y resurrección ha hecho posible que entremos en la presencia de Dios. Por fe en su mérito solamente nos identificamos con Él y participamos de todo lo que Él ha obtenido para nosotros. El escritor de Hebreos dijo que "convenía que aquel . . . llevando muchos hijos a la gloria, hiciera perfecto por medio de los padecimientos al autor de la salvación de ellos. Porque tanto el que santifica como los que son santificados, son todos de un Padre. . ." (2:10-11).
Cada día, demos gracias a Dios por la obra salvadora de Jesucristo, cuyo amor y sacrificio nos han "llevado" a Dios el Padre. --DCM
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