Lectura: Levítico 10:8-11, 1 Corintios 2:13-16
La Biblia En Un Año: Ezequiel 40-42
Y para que hagáis distinción entre lo santo y lo profano, entre lo inmundo y lo limpio. --Levítico 10:10.
Siempre que mi esposo y yo nos vamos de la casa, nuestra perra Maggie se pone a oler los zapatos viejos y la ropa sucia. Se rodea de lo que encuentra y luego duerme con ello cerca de la nariz. Los olores conocidos la consuelan hasta que nosotros regresamos.
Claro que Maggie no se da cuenta de que está siguiendo un mandamiento levítico de "distinguir entre . . . lo inmundo y lo limpio" (Levítico 10:10). Tampoco sabe que lo está violando.
En un mundo que todavía está revuelto en el pecado mucho después de su colisión catastrófica con el mal, Dios mandó a sus seguidores a vivir vidas santas (Levítico 11:45). Distinguir entre lo limpio y lo inmundo es esencial para esa tarea.
Tal discernimiento requiere más que sentidos físicos bien afinados. El apóstol Pablo escribió que el "hombre natural", es decir, un ser humano en su estado pecaminoso, "no acepta las cosas del Espíritu de Dios . . . porque se disciernen espiritualmente" (1 Corintios 2:14). Es el Espíritu Santo el que da sabiduría (v.13).
Así como Maggie encuentra consuelo en zapatos y calcetines viejos, mucha gente busca consuelo en pecados viejos. Debemos recordar que nuestro consuelo y consolación vienen de Dios, el cual nos ama y nos establece "en toda obra y palabra buena" (2 Tesalonicenses 2:16-17). --JAL
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