Lectura: Eclesiastés 2:1-11
La Biblia En Un Año: Jeremías 21-23
Por tanto me desesperé en gran manera por todo el fruto de mi trabajo con que me había afanado bajo el sol. --Eclesiastés 2:20.
Según el libro Guinnes de las marcas mundiales, una jovencita de 15 años de edad bostezó continuamente durante cinco semanas en 1888. No se dieron detalles en cuanto a la razón del apuro de la niña.
Esto me hizo preguntarme por qué bostezamos. ¿Por qué una persona de repente estira la boca abriéndola totalmente, respira hondo y exhala un suspiro? La respuesta es que una respiración superficial, el aire caliente sofocante o el nerviosismo pueden agotar el oxígeno del cuerpo. Así que nuestro Creador y Diseñador nos equipó con un reflejo de respiración profunda que envía un aflujo de oxígeno al rescate. Aparte de esta explicación técnica, un bostezo o un suspiro por lo general son señal de nerviosismo, cansancio o aburrimiento.
Luego tenemos el "suspiro" del alma. Si leemos Eclesiastés, casi podemos escuchar a Salomón suspirar cuando se cansaba de una cosa tras otra en un esfuerzo por encontrar significación. Una y otra vez su espíritu reaccionó a las diferentes situaciones y terminó exclamando: "Todo es vanidad." Todo lo que tocaba producía un vacío (1:2; 2:11). Finalmente se dio cuenta de que nada satisface, excepto temer a Dios y guardar sus mandamientos (12:13).
Señor, ayúdanos a ver que nuestros suspiros de desencanto con los placeres y las cosas de esta vida tienen el propósito de llevarnos a Ti. Sólo Tú das significación eterna a todo lo que perseguimos. --MRD
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