Nuestro Pan Diario

9 de julio, 2005


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¡No! a las malas noticias

Lectura: Ester 1:1-9

La Biblia En Un Año: Isaías 7-9

Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. --Mateo 11:28.


Se ha dicho que el no estar dispuestos a escuchar malas noticias tiene la culpa de todo, desde los desastres con transbordadores espaciales a colapsos de corporaciones, a la propagación del terrorismo. No se necesitan estudios largos para determinar por qué sucede esto. Las malas noticias revelan problemas; los problemas requieren soluciones; las soluciones cuestan tiempo, dinero y energía que preferiríamos emplear celebrando éxitos pasados.

Esto no es nuevo en nuestro siglo. En el siglo V a.C., el rey Asuero de Persia rehusó permitir que nadie que estuviera vestido de cilicio entrara por sus puertas (Ester 4:1-2). Un comentarista sugiere que él prefería rodearse de personas que se asombraran con sus riquezas y estuvieran dispuestas a asistir a sus espléndidas fiestas (1:4). Su renuencia a ser molestado por malas noticias casi dio como resultado la aniquilación del pueblo judío.

Comparemos el liderazgo de Asuero con el de Jesús, quien dijo: "Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11:28). Asuero gobernó su reinado permitiendo que sólo las personas felices entraran en su presencia. Jesús edifica su reino dando la bienvenida a su presencia a los cargados y tristes. Y lo que es más, Jesús no sólo nos invita a contarle malas noticias, sino que tiene la disposición y el poder de convertir la mayoría de las circunstancias perturbadoras en una celebración de alabanza. --JAL

EL EVANGELIO ES UNA MALA NOTICIA PARA LOS QUE LO RECHAZAN, Y BUENAS NUEVAS PARA QUIENES LO RECIBEN.

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