Lectura: 2 Corintios 3:7-18
La Biblia En Un Año: Proverbios 19-21
Pero nosotros todos . . . estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu. --2 Corintios 3:18.
En una versión del cuento mítico del rey Arturo, el joven rey está escondido en un árbol esperando nerviosamente a su desposada. Después de caerse piensa que tenía que dar una explicación a la princesa. Así que le contó cómo pudo sacar una espada de una piedra misteriosamente, lo cual le dio derecho a ser rey.
"Así fue como llegué a ser rey --le dijo--. Nunca quise serlo. Y desde que lo soy, me he sentido incómodo en mi corona. . . hasta que me caí del árbol y mi ojo te vio. Entonces, de repente, por primera vez sentí que era rey. Me alegré de ser rey. Y lo más asombroso de todo es que quería ser el rey más sabio, más heroico, más espléndido que jamás se haya sentado en un trono."
El solo hecho de mirar a su amada produjo un cambio en el carácter y el propósito.
Mientras reflexionamos en nuestro amado, el Señor Jesús, nosotros también experimentamos una transformación. Pablo escribió: "Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu" (2 Corintios 3:18).
Al contemplar a nuestro Señor en las páginas de las Escrituras, y al someternos al Espíritu Santo, nos volvemos personas diferentes. Vamos a querer parecernos más a Él. Y nuestro mayor deseo será agradarle. --DF
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