Lectura: Deuteronomio 9:9-16
La Biblia En Un Año: Levítico 1-4
. . . Levántate; baja aprisa de aquí, porque tu pueblo que sacaste de Egipto. . . . Pronto se han apartado del camino que yo les había ordenado. . . . --Deuteronomio 9:12.
Gracias a la tecnología de la Internet, puedo ver cómo se forma el hielo en el lago Michigan desde mi cálida oficina, la cual queda a 48 kilómetros de distancia. El ángulo cambiante de los rayos solares en el invierno enfría la tierra. Las temperaturas frígidas convierten el agua de la marejada en un hielo duro como la roca, en un tiempo sorprendentemente corto. Ver esa rápida transición me recuerda lo pronto que nuestros corazones se pueden enfriar hacia Dios.
Eso les sucedió a los antiguos israelitas. Después de que Dios los rescatara milagrosamente de la esclavitud, ellos se volvieron impacientes cuando Moisés subió al monte Sinaí a encontrarse con Dios y no regresó conforme al tiempo de ellos. Así que se juntaron y crearon su propio dios (Éxodo 32:1). El Señor dijo a Moisés que se apresurara a bajar del monte porque el pueblo se había apartado rápidamente (Deuteronomio 9:12).
Cuando las situaciones no se desarrollan conforme a nuestro tiempo, podríamos asumir que Dios ha perdido interés en nosotros. Cuando ya no nos sentimos cerca de Él, nuestros corazones se pueden enfriar. Pero Dios siempre está con nosotros. Como escribió el salmista: "¿Adónde me iré de tu Espíritu, o adónde huiré de tu presencia?" (Salmo 139:7).
Hasta cuando Dios parece distante no lo está. Su presencia llena el cielo y la tierra (vv.8-10). Nunca hay razón para permitir que nuestros corazones se congelen. --JAL
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