Lectura: Apocalipsis 21:1-5
La Biblia En Un Año: Isaías 47-49, 1 Tesalonicenses 4
Porque no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la que está por venir. --Hebreos 13:14.
Durante el invierno ocurre un fenómeno a lo largo de la costa del lago Michigan que lo blanquea todo. El aire se llena de una nieve que parece polvo de manera que la visibilidad se limita a un par de metros por delante. Se siente uno muy inútil, sobre todo si está conduciendo, y eso era lo que estábamos haciendo en un día muy frío de diciembre.
Nuestra familia había recibido una invitación para ir a la casa de mi hermana para la cena de Navidad. Mientras avanzábamos en dirección oeste, hacia el lago Michigan, las condiciones climatológicas se volvieron peligrosas, pero llegamos a nuestro destino. Sin embargo, más tarde, cuando manejábamos para regresar a casa cuando ya era oscuro, la situación empeoró. La autopista estaba cubierta de hielo, el tráfico avanzaba a paso de tortuga, y varios autos cayeron en la zanja. Entonces, de repente, nos vimos envueltos en una nube blanca. Créeme, fue aterrador. Después de un viaje lento y tedioso, finalmente llegamos a Grand Rapids y a la entrada de nuestra casa. Creo que todos los miembros de la familia dijeron: "¡Me alegro mucho de estar en casa!"
Me pregunto si sentiremos lo mismo cuando lleguemos al cielo. Las peligrosas "nubes" de nuestro viaje terrenal se acabarán. Las tentaciones, las tensiones y los fracasos todos se quedarán en el pasado. Y lo mejor de todo, estaremos seguros con nuestro Salvador.
Sí, nos alegraremos de estar en casa. --DCE
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