Nuestro Pan Diario

26 de septiembre, 2004


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Lección de alabanza

Lectura: Salmo 150

La Biblia En Un Año: Isaías 1-2, Gálatas 5

¡Aleluya! . . . --Salmo 150:1.


El Salmo 150 no es sólo una hermosa expresión de alabanza, sino también una lección para alabar al Señor. Nos dice dónde alabar, por qué hemos de hacerlo, cómo hacerlo y a quién debe ofrecer alabanza.

¿Dónde alabamos? En el "santuario" de Dios y en su "majestuoso firmamento" (v.1). Adondequiera que estemos en el mundo es un lugar adecuado para alabar a Aquel que creó todas las cosas.

¿Por qué alabamos? Primero, por lo que Dios hace. Él realiza "hechos poderosos". Segundo, porque ser Dios quien es. El salmista lo alabó por la "excelencia de su grandeza" (v.2). El Creador todopoderoso es el Sustentador del universo.

¿Cómo deberíamos alabar? En voz alta, suavemente, en tono conciliador, con entusiasmo, con ritmo, osadamente, inesperadamente, sin temor. En otras palabras, podemos alabar a Dios de muchas formas y en muchas ocasiones (vv.3-5).

¿Quién debe alabar? "Todo lo que respira" (v.6): jóvenes y viejos, ricos y pobres, débiles y fuertes, toda criatura viva. La voluntad de Dios es que todo aquel a quien Él ha dado aliento de vida use ese aliento para reconocer su poder y grandeza.

La alabanza es nuestra expresión entusiasta de gratitud a Dios por reinar en gloria para siempre. --JAL

LA ALABANZA ES EL DESBORDAMIENTO DE UN CORAZÓN GOZOSO.

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