Lectura: Romanos 8:27-39
La Biblia En Un Año: Salmos 129-131, 1 Corintios 11:1-16
Estaba yo tranquilo, y Él me sacudió. . . . --Job 16:12.
Durante el invierno, las ardillas de tierra invernan cerca de nuestra casa, y aparecen de nuevo cuando la nieve se derrite en la primavera. A mi esposa, Carolyn, y a mí nos gusta verlas correr de un hoyo a otro, mientras otras parecen guardas diminutos vigilando los depredadores.
A mediados de mayo, un hombre procedente de un campo de golf cercano llega en un pequeño tractor verde con un tanque lleno de gas letal. El que cuida el campo nos dice que hay que eliminar a estas criaturitas porque hacen hoyos en las pistas. Algunas sobreviven, pero la mayoría no. Siempre nos pone un poco tristes ver llegar al tractor.
Si pudiera, yo alejaría a los animalitos. Les destruiría sus hoyos y los obligaría a establecerse en otro lugar. Seguro que nos les gustaría mi interferencia, pero mis acciones serían sólo por su bien.
Lo mismo hace Dios. Puede que destruya nuestros cómodos niditos de vez en cuando, pero detrás de cada cambio difícil están su amor y propósito eternos. Dios no es caprichoso ni cruel; obra para nuestro bien (Romanos 8:28). Quiere que seamos "hechos conforme a la imagen de su Hijo" (v.29), y darnos un gozo glorioso en el cielo para siempre. Entonces, ¿cómo podemos temer el cambio cuando se trata de Alguien cuyo amor por nosotros nunca cambia? (vv.38-39). --DHR
|
Copyright © 2006 por Ministerios RBC Ministerios RBC es un miembro de grupo Gospel Communications Network (GCN) Para correspondencia general: literatura@rbc.org Para problemas técnicos: rbclatino@rbc.org
|