Nuestro Pan Diario

31 de mayo, 2004


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Recuerda

Lectura: Juan 19:1-8

La Biblia En Un Año: 2 Crónicas 13--14, Juan 12:1-26

Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. --Romanos 5:6.


El primer ministro Winston Churchill estaba honrando a miembros de la Fuerza Aérea Real que habían defendido a Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial. Al narrar su valiente servicio declaró: "Nunca en la historia de la humanidad han debido tantos a tan pocos."

Un sentimiento similar aparece en una placa recordatoria en Bastogne, Bélgica, adonde se peleó la famosa Batalla de Bulge, uno de los conflictos más sangrientos de la Segunda Guerra Mundial. La inscripción, en honor de la División Aérea 101 de los Estados Unidos, dice: "Pocas veces se ha derramado tanta sangre estadounidense en el curso de una sola acción. Señor, ¡ayúdanos a recordarlo!"

Esos son tributos apropiados y bien merecidos a los hombres y mujeres valientes que sacrificaron tanto por su país.

Cuando pienso en ellos, también recuerdo a Aquel cuyo abnegado sacrificio dio como resultado beneficios para personas de todas las naciones. Jesucristo, el que nunca pecó, murió en una cruz y derramó su sangre para pagar la pena por nuestros pecados. Al hacerlo garantizó nuestra libertad: libertad de la pena, el poder y un día hasta de la presencia del pecado. De Jesús se puede decir: Nunca en la historia de la humanidad han debido tantos a un solo Hombre. Sí, el Suyo fue el mayor sacrificio.

Señor, ¡ayúdanos a recordarlo! --Richard De Haan

EL RECUERDO DE LA MUERTE DE JESÚS NOS LLAMA A UNA VIDA DE ALABANZAS.

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