Lectura: Juan 14:16-21, 24-27
La Biblia En Un Año: 2 Crónicas 10--12, Juan 11:30-57
Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre. --Juan 14:16.
Cuando dos hombres uniformados llegaron a mi puerta la tarde del Día de los Caídos, pensé que estaban recolectando dinero para alguna obra de caridad. Pero estaban allí para decirme que mi hermana y su esposo habían muerto en un accidente ese mismo día.
Poco más de un año después de aquel acontecimiento que nos dejó destrozados, nuestra iglesia cantó: Veni, Sancte Spiritus (Ven, oh Santo Espíritu) el domingo de Pentecostés. Eso trajo una ola de paz a mi alma, todavía afligida. Uno de los versos dice: "Optimo consolador, dulce huésped del alma, dulce refrigerio. Descanso en el trabajo, alivio en el calor, consuelo en el llanto."
El Domingo de Pentecostés, muchas iglesias celebran la venida con poder del Espíritu Santo sobre los discípulos (Hechos 2:1-21). Pero el Espíritu vino también como el Consolador prometido por Jesús: "Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre" (Juan 14:16). El Espíritu vive dentro de cada cristiano, trayendo la paz de Cristo junto con aliento y alivio en la aflicción.
El Día de Pentecostés y el Día de los Caídos raras veces caen uno detrás del otro como en el año 2004. Pero el "dulce huésped del alma" siempre está con nosotros cualquier día en que recordamos a nuestros seres queridos que han muerto. En la aflicción, el Espíritu es nuestro consuelo, la luz de nuestro corazón, el dador del gozo eterno. --David McCasland
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