Nuestro Pan Diario

17 de abril, 2004


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Déjalo enterrado

Lectura: Colosenses 2:6-14

La Biblia En Un Año: 2 Samuel 1-2, Lucas 14:1-24

. . . perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado. --Jeremías 31:34.


Un niño de 10 años de edad quería ser pastor cuando creciera. Un día, al morir el gato de la familia, tuvo la oportunidad de "practicar un sermón" llevando a cabo un funeral.

El niño encontró una caja de zapatos y puso el gatito dentro. Sin embargo, cuando colocó la tapa sobre la caja, la cola no cabía. Así que hizo un agujero en la tapa para que la larga cola peluda pudiera salir. Luego reunió a sus amigos, predicó un sermón corto que había preparado cuidadosamente, y enterró el gato en una tumba superficial.

Cuando acabó el culto, notó que la punta de la cola del gato todavía se salía de la tierra. Cada dos o tres días, la curiosidad lo vencía, y secretamente halaba al gato por la cola y luego lo enterraba de nuevo. A la larga, la cola se despegó y finalmente el cuerpo quedó enterrado.

¿Cuántos de nosotros hacemos eso con nuestros pecados perdonados? Confesamos nuestros pecados, pero continuamos arrastrándolos y llorando por ellos, aunque Dios considera que las cosas feas han sido enterradas de una vez por todas (Jeremías 31:34; Colosenses 2:13-14; 1 Juan 1:9). Como resultado de ello, no estamos gozosos ni somos productivos en nuestra vida y servicio cristianos.

Por favor, ¡deja el "gato" enterrado! --Henry Bosch

EL ÚNICO LUGAR SEGURO PARA ENTERRAR EL PECADO ES AL PIE DE LA CRUZ.

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