Lectura: 1 Corintios 10:1-14
La Biblia En Un Año: Números 15-16, Marcos 6:1-29
. . . amados míos, huid de la idolatría. --1 Corintios 10:14.
En la época del Antiguo Testamento, la idolatría era fácil de reconocer: bailes alrededor de becerros de oro, adoración a los baales, etc. Incluso cuando el apóstol Pablo escribió a los seguidores de Cristo en la Corinto del primer siglo, la idolatría pagana se practicaba abiertamente. Él les advirtió que evitaran toda asociación con ella (1 Corintios 10:14).
La idolatría sigue siendo un peligro para el pueblo de Dios, aunque no siempre es tan abierta u obvia. Los ídolos por lo general son sutiles y difíciles de detectar, pues establecen su morada en los lugares ocultos de nuestro corazón.
Si queremos conocer a nuestros ídolos tenemos que considerar nuestros pensamientos predominantes, pues aquello en lo que pensamos la mayor parte del tiempo puede ser un ídolo. Nuestro último pensamiento antes de dormirnos, nuestro primer pensamiento cuando despertamos, nuestras meditaciones durante el día son empleadas en cosas y asuntos que atesoramos y en los que confiamos. Cualquier posesión o persona en la que pongamos nuestra esperanza para que nos haga sentir realizados, cualquier meta o aspiración que llegue a ser más importante para nosotros que Dios, esos son los "dioses" que atraen nuestra lealtad y que sutilmente controlan nuestra vida.
Sólo Dios puede satisfacer las más profundas necesidades del corazón y hacernos sentir realmente vivos. Es por eso que seríamos sabios si escucháramos el amoroso consejo del apóstol Pablo: "amados míos, huid de la idolatría." --David Roper
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