Lectura: Eclesiastés 2:1-11
La Biblia En Un Año: Levítico 6-7, Mateo 25:1-30
. . . mi corazón gozaba de todo mi trabajo . . . y he aquí, todo era vanidad y correr tras el viento. . . . --Eclesiastés 2:10-11.
Un amigo me dijo que cuando más cerca de Dios se siente es cuando está más ocupado. Me explicó que cuando las exigencias son mayores, él se apoya más en la fortaleza de Dios. Sin embargo, señaló que a menos que aparte tiempo para la adoración personal, su trabajo se puede convertir rápidamente en un escape.
Mucha gente se involucra en actividades sólo porque sí, y usa el estar ocupado como mecanismo para evitar enfrentar la realidad. Así como el alcohol puede amortiguar los sentidos contra las relaciones personales, las obligaciones familiares y las responsabilidades comunitarias, así también el trabajo constante puede ser un narcótico. Disminuye nuestra sensibilidad a los asuntos más profundos de la vida.
Hace unos 3.000 años, el autor de Eclesiastés descubrió esto. Buscó satisfacción manteniéndose ocupado edificando casas y plantando viñas. Pero mientras pensaba en la obra que había hecho se dio cuenta de que era vacía (2:10-11).
Nosotros podemos cometer el mismo error, incluso en nombre del Señor. ¿Podría ser ésta la razón por la que algunos de nosotros tratamos de que la iglesia siga funcionando por nuestros propios esfuerzos, pero olvidamos que la realización viene sólo de corazones que están llenos de Dios? ¿Estamos trabajando sin esos momentos vitales de adoración y reflexión? Si es así, es hora de adorar antes de que caigamos de nuevo en la trampa de trabajar sólo por trabajar. --Mart De Haan
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