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Mart
De Haan
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| Guerra espiritual
En una de las historias bíblicas más
antiguas, el corazón de un mero mortal queda atrapado en el fuego
cruzado entre un líder rebelde y el Rey del universo. Según
Satanás, Dios ha comprado el corazón de Job protegiéndolo
a cambio de su lealtad.
Dios construye vallas de protección: Job intercedió fielmente por sus hijos. Sus oraciones son una indicación de su carácter. No obstante, ni siquiera Job pudo «poner una oración de protección» alrededor de sus seres queridos. El Rey del cielo fue el que puso límites al enemigo espiritual de Job (Job 1:9-12). Dios es el que, en su propia sabiduría y bondad, construye vallas y las derriba. Si no hacemos esta distinción podríamos poner más confianza en nuestras oraciones que en nuestro Señor. El diablo no es nuestro mayor problema: La historia de Job es un recordatorio eterno de que aunque tenemos adversarios en los lugares altos (Job 1: Efesios 6:12), tenemos el potencial de ser nuestro peor enemigo. Dios tenía a Satanás atado a una cadena. El rebelde no podía hacer nada más de lo que Dios le permitiera hacer. La verdadera emboscada vino del interior de Job y de sus amigos. Todos fueron sorprendidos desagradablemente por su inclinación a apoyarse en su propio entendimiento antes que confiar en Dios para lo que solo Él podía ver y explicar. No subestimes al enemigo: Dios no le pidió a Job que equiparara el ingenio ni la fuerza del príncipe de las tinieblas. Se reservó ese papel para Él. Según el Nuevo Testamento, hablar con arrogancia contra Satanás es una característica de falsa enseñanza (2 Pedro 2:10-12). Hasta el arcángel Miguel mostró humildad y deferencia a Dios en su propia lucha con el diablo. En vez de presumir de que tenía autoridad sobre Satanás, Miguel no se atrevió a desafiar a su enemigo sino que dijo: «El Señor te reprenda» (Judas 1:8-9). Adopta una estrategia basada en la verdad: Cuando nuestro Señor se encontraba con personas poseídas por demonios, a menudo usaba su autoridad para echarlos corriendo. Pero cuando Él mismo fue tentado por el diablo, resistió a su enemigo citando repetidamente la Palabra de Dios como respuesta a cada una de las proposiciones de Satanás (Mateo 4:1-11). El segundo enfoque aparece en un pasaje clásico del Nuevo Testamento que compara nuestras defensas espirituales con el equipo de un soldado romano (Efesios 6:10-18). El cinto de la verdad nos recuerda lo importante que es decir la verdad. La integridad personal es una prioridad del conflicto espiritual. Incluso cuando el termo de ser expuestos nos tienda a mentir, es mucho mejor salir limpios que tropezar con nosotros mismos en la presencia de nuestros enemigos. Las mentiras se derrotan a sí mismas. El compromiso a ser honestos con Dios, con los demás y con nosotros mismos es fundamental para pelear batallas espirituales. La coraza de justicia tiene al menos dos implicaciones. Primero, representa el regalo protector de la impecabilidad que nuestro Señor usa para salvaguardar a aquellos que confían en Él. Nadie puede condenar con éxito a una persona justificada por Cristo (Romanos 8:31-34). Segundo, esta pieza crítica de la armadura corporal nos recuerda hacer lo correcto. A nuestro enemigo le encanta atraparnos haciendo cualquier cosa que arriesgue nuestra misión y le dé un sendero no protegido de acceso a nuestra vida. Los pies con el apresto del evangelio de la paz nos da razón para estar listos para la acción. Hemos sido llamados a soportar dificultades como buenos soldados de Jesucristo (1 Timoteo 2:3). Nuestro camino no será fácil. Necesitamos estar listos para correr sobre el terreno difícil y rocoso que hay entre nosotros y los que necesitan nuestra ayuda para hacer las paces con Aquel que murió por ellos. El escudo de la fe recuerda a la gente que está bajo ataque lo importante que es confiar en el Señor y no en nuestros propios pensamientos y emociones naturales. Las misiones de rescate no son para los tímidos. El enemigo sabe cómo atemorizarnos con flechas de temor y duda. No obstante, es más seguro confiar en Cristo en el calor de la batalla que esconderse en refugios hechos por nosotros. El yelmo de la salvación también se describe como «la esperanza de salvación» (1 Tesalonicenses 5:8), y entre otras cosas nos recuerda lo importante que es pensar en el futuro. Igual que Job, puede que no entendamos lo que hay detrás de las circunstancias presentes de nuestra vida. Dios desea que más bien protejamos nuestra mente confiando en una salvación que nos protege ahora y nos espera en el cielo.
La espada del Espíritu es la Palabra de Dios. En el conflicto espiritual necesitamos recordar contar con lo que Dios ha dicho (Deuteronomio 29:29). Nuestro Padre celestial retiene intencionadamente muchas de las respuestas por las que clama nuestro corazón. Nos pide que confiemos en Él para lo que sólo Él puede ver. La vigilancia de un soldado nos recuerda que «orar siempre» unos por otros es nuestra guardia espiritual (Efesios 6:18). La intercesión es una forma de demostrar que sabemos que nuestro enemigo puede ser derrotado, no por nuestra fortaleza, sino por Dios en su tiempo y a su manera. Y por eso oramos: Padre celestial, muchas veces nos confundimos por los problemas que Tú permites en nuestra vida. Ayúdanos a depender de lo que sólo Tú puedes ver en esta patente oscuridad. Queremos resistir al maligno que te aborrece. Por favor, enséñanos a inclinarnos delante de Ti como tu siervo Job, reconociendo la abrumadora verdad de que tu autoridad, poder y sabiduría son ilimitados. |
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