Mart De Haan
Enero - Febrero - Marzo 2005  
Los valores de Cristo

A Mel Fisher lo han llamado el cazador de tesoros más grande del mundo. Su lema, «Hoy es el día», se hizo realidad el 20 de julio de 1985 cuando su equipo encontró el filón principal de sus sueños en las aguas tropicales de los Cayos de la Florida. Después de años de recobrar restos de busques náufragos de menor importancia, el equipo de Mel descubrió en el fondo del mar pilas de barras de plata, baúles con monedas de plata, oro y joyas. También recobraron miles de otros artefactos del Nuestro Señora de Atocha, el barco de tesoros español más rico que jamás se haya perdido en el hemisferio occidental.
     Las personas como Mel me intrigan y me inspiran, porque todos en el fondo somos cazadores de fortuna. Todos pasamos suficiente tiempo con nuestras esperanzas y sueños como para entender el principio de que «donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mateo 6:21).
No sea muy duro con usted mismo. Cuando menos, todos estamos buscando felicidad, significación y amor. Muchos de nosotros también estamos haciendo todo lo posible por encontrar un hogar cómodo, transporte confiable y buena comida. Además valoramos el trabajo significativo, los fines de semanas relajados y las amistades. Hacemos sacrificios cuando procuramos buena salud, seguridad física y económica.

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  • Tales valores nos hacen a todos cazadores de tesoros. Todos son importantes, y todos parecen haber estado en la mente del más sabio de los maestros cuando dijo: «Porque los pueblos del mundo buscan ansiosamente todas estas cosas; pero vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas. Mas buscad su reino, y estas cosas os serán añadidas. No temas, rebaño pequeño, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino» (Lucas 12:30-32). Según Jesús, este reino era como «un tesoro escondido en el campo» (Mateo 13:44).

    ¿Cuáles son los valores de Cristo?
    Cuando Jesús habló del «reino de Dios» como el tesoro máximo, usó un término que sus contemporáneos judíos entendían. Él sabía que ellos buscaban la venida de un Mesías y un regreso al Edén caracterizado por la buena voluntad y la paz mundial. Lo que sus contemporáneos tardaron en entender acerca de este orden mundial venidero es el valor que colocaría en los naufragios recobrados.
         Mel Fisher buscaba tesoros perdidos. Jesús buscaba personas perdidas. Mel Fisher construyó un museo de artefactos recobrados. Jesús estaba edificando una comunidad y un reino de vidas recobradas. Jesús atesoraba personas que otros despreciaban. Amaba a sus enemigos a sus expensas. Honraba a los que admitían su necesidad de los demás. Tenía en mucha estima a los que se preocupaban por los demás. Y sobre todo, valoraba a su Padre celestial quien nos ama a todos mucho más de lo que nosotros nos amamos unos a otros o incluso a nosotros mismos.

    ¿ De qué forma son nuestros valores como los de Cristo?
          La importancia que Jesús daba a las necesidades humanas muestra que nuestros intereses están más cerca del corazón de Dios de lo que podríamos pensar. Antes de convertirse en nuestro Maestro y Salvador, Jesús era nuestro Creador (Colosenses 1:16). Él es quien nos dio nuestro deseo de buena comida, amistades y felicidad. Nos hizo para que buscáramos intimidad en las relaciones, aceptación personal y libertad de la preocupación. Como el Dios que creó nuestra capacidad de pensar, nos dio sed de conocimiento, descubrimiento y valor.
    ¿ De qué forma son los valores de Cristo diferentes de los nuestros?
    Aunque hay similitudes, los tesoros por los que nuestro Señor vivió y murió difieren de los nuestros de varias maneras. (1) Él sabía cómo ser agradecido por los regalos de la vida sin adorarlos. Nosotros nos inclinamos a convertir los bienes en dioses, y luego en demonios que nos destruyen. (2) Nos enseñó a usar los recursos materiales de este mundo para amar a la gente. Somos más propensos a amar las cosas y a usar a las personas. (3) Nos enseñó a ver los gozos y dolores de esta vida presente como el reflejo de un mundo por venir. A veces vivimos como si no hubiera cielo ni infierno más allá del presente. (4) En la búsqueda de nuestros sueños, a menudo actuamos como si los tesoros de la vida estuvieran más allá de nosotros mismos y de nuestra capacidad de encontrarlos. Jesús nos enseñó a ver que hay tesoros de perspectiva dentro de nosotros mismos que muchas veces se pasan por alto.
         Uno de los incontables regalos de Cristo es el sentido de prioridad y tiempo. En su Sermón del Monte, el Maestro de Nazaret pone nuestros valores en perspectiva (Mateo 5:1-10). Con unas pocas palabras de una sabiduría eterna, nos muestra cómo encontrar a la larga lo que estamos buscando. Según Jesús, las personas más ricas del mundo no son las ricas materialmente y famosas. Los que han de ser envidiados y felicitados son los que ven su desesperada necesidad de Dios y de los demás (v.3). Los más bienaventurados de todos son los que lloran por sus malas acciones hasta el punto de rendirse a Dios (vv.4-5). Con corazones sumisos, tienen hambre de relaciones que les den una oportunidad de mostrar a los demás la misericordia que ellos mismos han recibido (vv.6-7). Con corazones llenos de amor y no de lascivia, procuran llevar a los perdidos de vuelta a Dios y a los demás, incluso a sus propias expensas (vv.8-10). Esas son las actitudes que nos llevan primero unos a otros y luego al inapreciable reino que ha sido preparado para nosotros.

    Mart De Haan

         Admiramos a Mel Fisher porque junto con su tripulación encontraron los tesoros hundidos del Atocha. Aplaudimos su éxito. No obstante, en nuestros momentos de mayor reflexión recordamos a Aquel que es verdaderamente el más grandioso cazador de tesoros que jamás haya vivido. Él buscaba la voluntad de Dios llena de amor y la encontró. Buscaba gente perdida y la rescataba. A expensas de su propia vida, pagó por tesoros infinitamente mayores que la comodidad material. Luego, a los que confiaban en Él dijo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.»    


         Padre celestial, Tú nos has dado mucho. El milagro de la vida está más allá de nuestra comprensión. La oportunidad de conocerte es un regalo que no se puede comparar. La gente que nos rodea no tiene precio. Por favor, perdónanos por perder de vista lo que es más importante de todo. Por favor, perdónanos por ignorarte a Ti, tu voluntad y a la gente que sufre y está perdida por quien tu Hijo murió. Que hoy sea el día en que venga tu reino y se haga tu voluntad en nosotros, como en el cielo.


     

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