| Los valores de Cristo
A Mel Fisher lo han llamado el cazador de tesoros
más grande del mundo. Su lema, «Hoy es el día»,
se hizo realidad el 20 de julio de 1985 cuando su equipo encontró el
filón principal de sus sueños en las aguas tropicales de
los Cayos de la Florida. Después de años de recobrar restos
de busques náufragos de menor importancia, el equipo de Mel descubrió en
el fondo del mar pilas de barras de plata, baúles con monedas
de plata, oro y joyas. También recobraron miles de otros artefactos
del Nuestro Señora de Atocha, el barco de tesoros español
más rico que jamás se haya perdido en el hemisferio occidental.
Las personas como Mel me intrigan y me inspiran, porque todos en el fondo somos
cazadores de fortuna. Todos pasamos suficiente tiempo con nuestras esperanzas
y sueños como para entender el principio de que «donde esté tu
tesoro, allí estará también tu corazón» (Mateo
6:21).
No sea muy duro con usted mismo. Cuando menos, todos estamos buscando felicidad,
significación y amor. Muchos de nosotros también estamos haciendo
todo lo posible por encontrar un hogar cómodo, transporte confiable y
buena comida. Además valoramos el trabajo significativo, los fines de
semanas relajados y las amistades. Hacemos sacrificios cuando procuramos buena
salud, seguridad física y económica.
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Tales valores nos hacen a todos cazadores de tesoros.
Todos son importantes, y todos parecen haber estado en la mente del más
sabio de los maestros cuando dijo: «Porque los pueblos del mundo
buscan ansiosamente todas estas cosas; pero vuestro Padre sabe que necesitáis
estas cosas. Mas buscad su reino, y estas cosas os serán añadidas.
No temas, rebaño pequeño, porque vuestro Padre ha decidido
daros el reino» (Lucas
12:30-32). Según Jesús, este
reino era como «un tesoro escondido en el campo» (Mateo
13:44).
¿Cuáles son los valores de Cristo?
Cuando Jesús habló del «reino de Dios» como
el tesoro máximo, usó un término que sus contemporáneos
judíos entendían. Él sabía que ellos buscaban
la venida de un Mesías y un regreso al Edén caracterizado
por la buena voluntad y la paz mundial. Lo que sus contemporáneos
tardaron en entender acerca de este orden mundial venidero es el valor
que colocaría en los naufragios recobrados.
Mel Fisher buscaba tesoros perdidos. Jesús buscaba personas perdidas.
Mel Fisher construyó un museo de artefactos recobrados. Jesús
estaba edificando una comunidad y un reino de vidas recobradas. Jesús
atesoraba personas que otros despreciaban. Amaba a sus enemigos a sus
expensas. Honraba a los que admitían su necesidad de los demás.
Tenía en mucha estima a los que se preocupaban por los demás.
Y sobre todo, valoraba a su Padre celestial quien nos ama a todos mucho
más de lo que nosotros nos amamos unos a otros o incluso a nosotros
mismos.
¿
De qué forma son nuestros valores como los de Cristo?
La importancia que Jesús daba a las necesidades humanas muestra que nuestros
intereses están más cerca del corazón de Dios de lo que
podríamos pensar. Antes de convertirse en nuestro Maestro y Salvador,
Jesús era nuestro Creador (Colosenses
1:16). Él es quien nos dio
nuestro deseo de buena comida, amistades y felicidad. Nos hizo para que buscáramos
intimidad en las relaciones, aceptación personal y libertad de la preocupación.
Como el Dios que creó nuestra capacidad de pensar, nos dio sed de conocimiento,
descubrimiento y valor.
¿
De qué forma son los valores de Cristo diferentes de los nuestros?
Aunque hay similitudes, los tesoros por los que nuestro Señor vivió y
murió difieren de los nuestros de varias maneras. (1) Él sabía
cómo ser agradecido por los regalos de la vida sin adorarlos. Nosotros
nos inclinamos a convertir los bienes en dioses, y luego en demonios que nos
destruyen. (2) Nos enseñó a usar los recursos materiales de este
mundo para amar a la gente. Somos más propensos a amar las cosas y a usar
a las personas. (3) Nos enseñó a ver los gozos y dolores de esta
vida presente como el reflejo de un mundo por venir. A veces vivimos como si
no hubiera cielo ni infierno más allá del presente. (4) En la búsqueda
de nuestros sueños, a menudo actuamos como si los tesoros de la vida estuvieran
más allá de nosotros mismos y de nuestra capacidad de encontrarlos.
Jesús nos enseñó a ver que hay tesoros de perspectiva dentro
de nosotros mismos que muchas veces se pasan por alto.
Uno de los incontables regalos de Cristo es el sentido de prioridad y tiempo.
En su Sermón del Monte, el Maestro de Nazaret pone nuestros valores en
perspectiva (Mateo
5:1-10). Con unas pocas palabras de una sabiduría eterna,
nos muestra cómo encontrar a la larga lo que estamos buscando. Según
Jesús, las personas más ricas del mundo no son las ricas materialmente
y famosas. Los que han de ser envidiados y felicitados son los que ven su desesperada
necesidad de Dios y de los demás (v.3). Los más bienaventurados
de todos son los que lloran por sus malas acciones hasta el punto de rendirse
a Dios (vv.4-5). Con corazones sumisos, tienen hambre de relaciones que les den
una oportunidad de mostrar a los demás la misericordia que ellos mismos
han recibido (vv.6-7). Con corazones llenos de amor y no de lascivia, procuran
llevar a los perdidos de vuelta a Dios y a los demás, incluso a sus propias
expensas (vv.8-10). Esas son las actitudes que nos llevan primero unos a otros
y luego al inapreciable reino que ha sido preparado para nosotros.
Admiramos a Mel Fisher porque junto con su tripulación encontraron
los tesoros hundidos del Atocha. Aplaudimos su éxito. No obstante,
en nuestros momentos de mayor reflexión recordamos a Aquel que
es verdaderamente el más grandioso cazador de tesoros que jamás
haya vivido. Él buscaba la voluntad de Dios llena de amor y la
encontró. Buscaba gente perdida y la rescataba. A expensas de
su propia vida, pagó por tesoros infinitamente mayores que la
comodidad material. Luego, a los que confiaban en Él dijo: «Bienaventurados
los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.»
Padre
celestial, Tú nos has dado mucho. El milagro de la vida está más
allá de nuestra comprensión. La oportunidad de conocerte es un
regalo que no se puede comparar. La gente que nos rodea no tiene precio. Por
favor, perdónanos por perder de vista lo que es más importante
de todo. Por favor, perdónanos por ignorarte a Ti, tu voluntad y a la
gente que sufre y está perdida por quien tu Hijo murió. Que hoy
sea el día en que venga tu reino y se haga tu voluntad en nosotros, como
en el cielo.
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