Mart De Haan
Octubre - Noviembre - Diciembre 2004  
Cómo luce la confianza

¿Cómo luce la confianza cuando no podemos explicar nuestro problema ni ver más allá de él? Escuchar a los demás mientras tratan de mostrar fe en medio de la crisis puede causar confusión. Algunos dicen que creen que Dios les va a conseguir un empleo, a restaurarles la salud, a traer reconciliación a su matrimonio o a hacer que regrese un hijo pródigo. Otros dicen que confiar en Él significa aceptar que sus caminos no son necesariamente los nuestros.

     En la sala de espera de la oración y la impotencia he concluido que las preguntas acerca de lo que significa confiar en Dios pueden ser casi tan perturbadoras como el problema mismo. También he descubierto que es para esos problemas que se nos ha dado la sabiduría de la Biblia.

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  • El camino a la paz
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  • Dos Ladrones

  • No sea demasiado duro con usted mismo. Las personas más piadosas del pasado se sintieron profundamente perturbadas por las crisis de su vida. El rey David se negó a comer y a ser consolado cuando suplicaba a Dios por la vida de su hijo, el cual se estaba muriendo (2 Samuel 12:16-17). A pesar de que era un hombre con un corazón conforme a Dios, los cánticos y gemidos de su vida reflejan un temor y una desesperación que se repetían (Salmo 6:1-7). En las oscuras noches de pérdida de Job, sus primeras expresiones de confianza se convirtieron en una amarga angustia (Job 3:1-26). Y luego tenemos a la estéril Ana. Sus oraciones por un bebé fueron tan emotivas que su sacerdote la acusó de estar ebria (1 Samuel 1:13-15). Hasta el apóstol Pablo sintió «gran tristeza y continuo dolor» por familiares y amigos que no eran salvos (Romanos 9:2). Juntos nos muestran que la confianza puede llorar y gemir e incluso dudar.
    Espere ser incomprendido. En épocas de profunda pérdida y preocupación, hasta nuestros mejores amigos van a intentar explicar lo que nos ha sucedido. Puede que olviden que la gente no sufre en proporción a sus malas acciones. Algunos pagan sus errores rápidamente. Otros no. Algunos sufren por sus locuras mientras que otros son castigados por ser sabios (Salmo 73:1-14).

         Esa ironía complicó la antigua tragedia de Job. Cuando sus amigos lo escucharon expresar amargura y desesperación, asumieron erróneamente que estaba sufriendo por un pecado secreto (Job 4:1-9). Aunque fueron a acompañarlo para compartir su dolor, terminaron multiplicándolo (Job 16:2).
    No tenga miedo de ser honesto con Dios. El anciano Abraham se rió de lo absurdo de la promesa de Dios de hacerlo padre de muchas naciones. Jacob luchó con su Señor por la incertidumbre de lo que tenía por delante. David expresó abiertamente su desesperación e impotencia en circunstancias que estaban fuera de su control. Job acusó a Dios de ser injusto.
         Cuando el cielo parecía ignorarlos, ellos así lo expresaron. Cuando creían que tenían un argumento, lo expresaban. Aprendieron a confiar en Dios en los oscuros valles de sus dudas.

    Dé un paso a la vez. A veces es útil dividir la trayectoria en pequeños pasos. Jesús nos exhortó a no preocuparnos por el mañana, pues el día de hoy tiene suficientes problemas (Mateo 6:34). En la debilidad de las emociones turbulentas puede que necesitemos conformarnos con pasos cortos, la sabiduría del momento (Santiago 1:6), y la seguridad presente de Aquel que dice: «Nunca te dejaré ni te desampararé» (Hebreos 13:5).
    No sea audestructivo. En épocas de desilusión o angustia necesitamos evitar las soluciones fáciles que son dañinas y autodestructivas. Ninguno de nosotros puede darse el lujo de tener adicciones que matan el dolor por el momento, pero complican nuestros problemas a largo plazo. Aunque los sedantes y calmantes tienen su momento (Proverbios 31:6-7), se puede abusar de ellos corriendo un gran riesgo para nosotros y los demás (Proverbios 31:4-5; 20:1). También necesitamos pedir a Dios que nos ayude a evitar el desquitarnos con los que nos rodean por nuestra ansiedad, ira o desesperación. Atacar a otros puede ser una adicción en sí misma.
    No subetime a Dios. Una de las grandes verdades de la Biblia es que cuando nosotros somos impotentes, Dios no lo es. Una persona sabia dijo: «De esto estoy seguro: Hay un Dios, y no soy yo.» Si Dios no contesta nuestras oraciones en el tiempo y de la manera como hemos pedido, es porque Él puede ver lo que nosotros no podemos.
         José aprendió a confiar en Dios después de ser vendido como esclavo a sus hermanos mayores. Cuando se volvió a reunir con ellos posteriormente pudo decir: «Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien» (Génesis 50:20).
    Pida pero no exija. En circunstancias desesperadas somos propensos a pensar que sabemos lo que necesitamos de Dios. Igual que un niño pequeño que no puede ser consolado, nos inclinamos a suplicarle lo que queremos, cuando lo queremos. En esos momentos, Dios entiende nuestra debilidad y temor. Sin embargo, Él también es el que usa la profundidad del Gran Cañón, el poder de Niágara o la maravilla del cielo nocturno para calmarnos en su presencia (Job 38–41). El filósofo cristiano Francis Schaeffer observa: «Cuando estoy en presencia de Dios, parece profundamente inapropiado exigir nada» (véase Job 42).

    Mart De Haan

    Dude de usted. Job finalmente llegó al punto en que dudó de sí mismo más que de Dios. Después de que le recordaran el poder eterno y el genio infinito del Dios de la creación, cayó de rodillas. Con un corazón que estaba contrito y al mismo tiempo aliviado, dijo: «Yo sé que tú puedes hacer todas las cosas, y que ningún propósito tuyo puede ser estorbado. “¿Quién es éste que oculta el consejo sin entendimiento?” Por tanto, he declarado lo que no comprendía, cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no sabía. He sabido de ti sólo de oídas, pero ahora mis ojos te ven» (Job 42:2-3, 5).
         

         Padre celestial, en nuestros momentos de reflexión sabemos que eres mayor que nuestro corazón. Ves infinitamente más que nosotros. Ves la obra que has comenzado en nosotros, el Espíritu que nos has dado, el perdón que has comprado por nosotros, y el deseo que nos has dado de vivir en libertad en vez de escondernos en fracasos pasados.
    Por favor, ayúdanos a usar esa libertad para amar a otros como nos has amado primero Tú.



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