Mart De Haan
Abril - Mayo - Junio 2003  
Diez cosas que aprendí de mi papá

En los recuerdos que vienen cuando muere uno de nuestros padres, me he acordado de lo que mi papá enseñó a los que vivimos y trabajamos con él. En muchas formas, papá no tuvo una vida fácil. Mucho antes de sus problemas con un desprendimiento de retina, cirugía del corazón y la enfermedad de Parkinson, vivió bajo la sombra de la pintoresca y exigente personalidad de su propio padre. Aunque la mayoría de la gente conoció a papá como un maestro de la Biblia de voz firme, lleno de amor y fiel, los que estábamos cerca de él sabemos que en su trayectoria, papá también luchaba con graves y profundas cuestiones acerca de sus propias habilidades y valía propia. Al mirar atrás empiezo a darme cuenta de cuánto nos enseñó, no sólo con sus puntos fuertes, sino también por la manera como respondía a sus debilidades.

Archivo de artículos previos
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  • La carta de la confianza
  • ¿Qué es una respuesta blanda?
  • Cosas imponderables
  • Dos Ladrones

  • Sé que mis tres hermanos estarían de acuerdo conmigo en que papá nos enseñó a:

    •      Admitir cuando estamos equivocados. Todos recordamos la disposición de papá a admitir sus faltas. No sé por qué eso parece ser lo suficientemente importante como para mencionarlo en primer lugar. Podría ser porque he escuchado a Diana, mi esposa, hablar de cómo la impresionó esa cualidad. Cuando visitó nuestra casa antes de que nos casáramos, ella vio a papá acercarse a la mesa y, antes de sentarse, disculparse con la familia por su irritabilidad hacia mamá. O, tal vez sea porque no se me ocurre pensar en nada que siga siendo tan necesario para mí como admitir mis propias faltas.
    •      No tratar de ser otra persona. Papá sabía lo que era ser comparado con su amado y dotado padre. Algunos le decían que él no tenía lo necesario para dirigir el ministerio que su padre fundó. Las comparaciones eran difíciles para él. Pero con el tiempo usó la experiencia para mostrarnos cómo ser la persona que Dios quiere que seamos. Y como resultado de lo que encontró en las trincheras de su propia batalla con el respeto propio, nos dio al resto de nosotros la libertad que necesitábamos para ser nosotros mismos también.
    •     Pensar pequeño al tiempo que se sueña grande. Papá nos mostró la importancia de ser honestos en cosas pequeñas. Él volvía a un restaurante a regresar el cambio si se daba cuenta de que le habían dado de más en la caja. Lo que otros llamaban "mentiras piadosas" eran asuntos de gran importancia para él. Ni siquiera le gustaba exagerar para presentar un argumento. Para él, asuntos de urgencia o de costo no eran una excusa para olvidar el principio de que "el que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho" (Lucas 16:10). Sin embargo, la atención a los detalles no le impedía soñar. Su visión para evangelizar a través de la televisión y múltiples maestros dio como resultado años de crecimiento para RBC Ministries.
    •      Tener cuidado con lo que decimos de los demás. Papá no formaba parte de los chismes que circulan noticias de los fracasos de los demás. No recuerdo haberlo escuchado hablar de los errores de otros líderes. Tal vez fuera porque él mismo sentía la punzada de los rumores y comentarios desagradables. Sencillamente se tomaba en serio las Escrituras que nos llaman a amarnos unos a otros. El capítulo 13 de 1 Corintios era uno de los pasajes bíblicos preferidos de papá, y se lo leía a menudo al personal.
    •      Leer las biografías con cierto escepticismo. La renuencia de papá a ser innecesariamente crítico de los demás tenía un toque interesante. No ponía mucho interés en las biografías. A pesar de que veía el valor de las "historias de grandes personas", las veía con escepticismo. Él sabía que la verdadera historia de la vida de una persona raras veces se publica.
    •      Relajarnos con los que son importantes para nosotros. Papá trabajaba duro. Aunque se tomaba en serio sus responsabilidades de líder, escribía, corregía y volvía a escribir sus mensajes y meditaciones hasta que tuvieran la sencillez y la claridad que buscaba. Pero también sabía cómo dejar de lado su trabajo y relajarse. Le encantaba caminar por la playa o dar un paseo por el campo con mamá. Esperaba con entusiasmo el momento de pasar tiempo con sus amigos en el campo de golf. Recuerdo cuánto disfrutaba el enseñarnos a mis hermanos y a mí a usar una vara de pescar entre las hojas flotantes de los lirios acuáticos mientras buscábamos atrapar róbalos y otros peces. También tenemos muchos recuerdos de él en la casa con una fuente llena de palomitas de maíz y juegos como el Monopolio o Scrabble.
    •      Cultivar el equilibrio. Papá aprendió por experiencia a escuchar ambas partes de una discusión. En sus últimos años nos dijo cómo, cuando era un director joven, escuchaba la versión de un empleado sobre un conflicto y creía que entendía el problema. Luego hablaba con la otra parte y escuchaba una perspectiva totalmente distinta. El equilibrio y la justicia que él cultivaba en las relaciones con los empleados se manifestaba de otras maneras también. De muchas formas nos enseñó a evitar los extremos unilaterales en la manera de pensar y de comportarnos.
    Mart De Haan      Evitar los chistes irreverentes. Con los años vimos en papá un temor sano al Señor. Los chistes respecto a las Escrituras estaban prohibidos para él. No porque no tuviera sentido del humor. Le encantaba reírse. Pero cuando se trataba de hablar con ligereza sobre Dios o la Biblia, él no se pasaba de la raya.
    •      Cuestionar nuestro propio uso de las Escrituras. A causa de la reverencia de papá por la Palabra deDios, también nos enseñó a cuestionarnos la forma en que citamos la Biblia. Cuando criticaba manuscritosescritos por sus empleados escribía una y otra vez en el margen: "¿Realmente dice eso la Biblia? ¿De verdad?" Nos mostró que si verdaderamente queremos confiar en lo que Dios ha dicho o enseñarlo,tenemos que estar dispuestos a dudar de nuestra propia interpretación y motivaciones.
    •      Confiar en Dios y hacer el bien. Desde que murió papá, muchos de sus amigos, compañeros detrabajo y familiares han estado de acuerdo en algo que parece ser lo que mejor representa su vida. Gran parte del legado que nos dejó se puede resumir en las palabras "confía en Dios y haz el bien". Recordamos esas palabras, pues se repiten en un poema escrito [originalmente en inglés] por Norman Macleod que papá a menudo leía a su personal.


    Confía en Dios
    por Norman Macleod


    Valor, hermano, no tropieces,
    Aunque la senda oscura esté,
    Una estrella conduce al humilde
    Confía en Dios y haz el bien.

    Por pesado que sea el camino
    Y por lejano que su fin esté,
    Sé valiente aunque te sientas débil,
    Confía en Dios y haz el bien.

    Mueran políticas y ardides
    Muera todo lo que a la luz teme
    Sea que pierdas o que ganes
    Confía en Dios y haz el bien.

    No te fíes de secta, facción ni líder
    No te fíes de nadie en la dura disensión
    Más bien en toda palabra y acción
    Confía en Dios y haz el bien.

    Una estrella siempre presente
    Guía con seguridad y sencillez
    Paz te da, poder te imparte,
    Confía en Dios y haz el bien.

    Tendrás odios, amores también
    Recibirás halagos y desdén
    Desiste de humanos, mira hacia arriba,
    Confía en Dios y haz el bien.


     

    Copyright © 2002 por Ministerios RBC - Para correspondencia general: literatura@rbc.org

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