| Diez cosas que aprendí de mi papá
En los recuerdos que vienen cuando muere uno de nuestros padres, me
he acordado de lo que mi papá enseñó a los que
vivimos y trabajamos con él. En muchas formas, papá no
tuvo una vida fácil. Mucho antes de sus problemas con un desprendimiento
de retina, cirugía del corazón y la enfermedad de Parkinson,
vivió bajo la sombra de la pintoresca y exigente personalidad
de su propio padre. Aunque la mayoría de la gente conoció
a papá como un maestro de la Biblia de voz firme, lleno de amor
y fiel, los que estábamos cerca de él sabemos que en su
trayectoria, papá también luchaba con graves y profundas
cuestiones acerca de sus propias habilidades y valía propia.
Al mirar atrás empiezo a darme cuenta de cuánto nos enseñó,
no sólo con sus puntos fuertes, sino también por la manera
como respondía a sus debilidades.
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Sé que mis tres hermanos estarían de acuerdo conmigo
en que papá nos enseñó a:
Admitir cuando estamos equivocados.
Todos recordamos la disposición de papá a admitir sus
faltas. No sé por qué eso parece ser lo suficientemente
importante como para mencionarlo en primer lugar. Podría ser
porque he escuchado a Diana, mi esposa, hablar de cómo la impresionó
esa cualidad. Cuando visitó nuestra casa antes de que nos casáramos,
ella vio a papá acercarse a la mesa y, antes de sentarse, disculparse
con la familia por su irritabilidad hacia mamá. O, tal vez sea
porque no se me ocurre pensar en nada que siga siendo tan necesario
para mí como admitir mis propias faltas.
No tratar de ser otra persona.
Papá sabía lo que era ser comparado con su amado y dotado
padre. Algunos le decían que él no tenía lo necesario
para dirigir el ministerio que su padre fundó. Las comparaciones
eran difíciles para él. Pero con el tiempo usó
la experiencia para mostrarnos cómo ser la persona que Dios quiere
que seamos. Y como resultado de lo que encontró en las trincheras
de su propia batalla con el respeto propio, nos dio al resto de nosotros
la libertad que necesitábamos para ser nosotros mismos también.
Pensar pequeño al tiempo
que se sueña grande. Papá nos mostró la importancia
de ser honestos en cosas pequeñas. Él volvía a
un restaurante a regresar el cambio si se daba cuenta de que le habían
dado de más en la caja. Lo que otros llamaban "mentiras
piadosas" eran asuntos de gran importancia para él. Ni siquiera
le gustaba exagerar para presentar un argumento. Para él, asuntos
de urgencia o de costo no eran una excusa para olvidar el principio
de que "el que es fiel en lo muy poco, es fiel también en
lo mucho" (Lucas
16:10). Sin embargo, la atención a los detalles no le impedía
soñar. Su visión para evangelizar a través de la
televisión y múltiples maestros dio como resultado años
de crecimiento para RBC Ministries.
Tener cuidado con lo que decimos
de los demás. Papá no formaba parte de los chismes que
circulan noticias de los fracasos de los demás. No recuerdo haberlo
escuchado hablar de los errores de otros líderes. Tal vez fuera
porque él mismo sentía la punzada de los rumores y comentarios
desagradables. Sencillamente se tomaba en serio las Escrituras que nos
llaman a amarnos unos a otros. El capítulo 13
de 1 Corintios era uno de los pasajes bíblicos preferidos
de papá, y se lo leía a menudo al personal.
Leer las biografías con
cierto escepticismo. La renuencia de papá a ser innecesariamente
crítico de los demás tenía un toque interesante.
No ponía mucho interés en las biografías. A pesar
de que veía el valor de las "historias de grandes personas",
las veía con escepticismo. Él sabía que la verdadera
historia de la vida de una persona raras veces se publica.
Relajarnos con los que son importantes
para nosotros. Papá trabajaba duro. Aunque se tomaba en serio
sus responsabilidades de líder, escribía, corregía
y volvía a escribir sus mensajes y meditaciones hasta que tuvieran
la sencillez y la claridad que buscaba. Pero también sabía
cómo dejar de lado su trabajo y relajarse. Le encantaba caminar
por la playa o dar un paseo por el campo con mamá. Esperaba con
entusiasmo el momento de pasar tiempo con sus amigos en el campo de
golf. Recuerdo cuánto disfrutaba el enseñarnos a mis hermanos
y a mí a usar una vara de pescar entre las hojas flotantes de
los lirios acuáticos mientras buscábamos atrapar róbalos
y otros peces. También tenemos muchos recuerdos de él
en la casa con una fuente llena de palomitas de maíz y juegos
como el Monopolio o Scrabble.
Cultivar el equilibrio. Papá
aprendió por experiencia a escuchar ambas partes de una discusión.
En sus últimos años nos dijo cómo, cuando era un
director joven, escuchaba la versión de un empleado sobre un
conflicto y creía que entendía el problema. Luego hablaba
con la otra parte y escuchaba una perspectiva totalmente distinta. El
equilibrio y la justicia que él cultivaba en las relaciones con
los empleados se manifestaba de otras maneras también. De muchas
formas nos enseñó a evitar los extremos unilaterales en
la manera de pensar y de comportarnos.
Evitar los chistes irreverentes. Con los años vimos en papá
un temor sano al Señor. Los chistes respecto a las Escrituras
estaban prohibidos para él. No porque no tuviera sentido del
humor. Le encantaba reírse. Pero cuando se trataba de hablar
con ligereza sobre Dios o la Biblia, él no se pasaba de la raya.
Cuestionar nuestro propio uso de
las Escrituras. A causa de la reverencia de papá por la Palabra
deDios, también nos enseñó a cuestionarnos la forma
en que citamos la Biblia. Cuando criticaba manuscritosescritos por sus
empleados escribía una y otra vez en el margen: "¿Realmente
dice eso la Biblia? ¿De verdad?" Nos mostró que si
verdaderamente queremos confiar en lo que Dios ha dicho o enseñarlo,tenemos
que estar dispuestos a dudar de nuestra propia interpretación
y motivaciones.
Confiar en Dios y hacer el bien.
Desde que murió papá, muchos de sus amigos, compañeros
detrabajo y familiares han estado de acuerdo en algo que parece ser
lo que mejor representa su vida. Gran parte del legado que nos dejó
se puede resumir en las palabras "confía en Dios y haz el
bien". Recordamos esas palabras, pues se repiten en un poema escrito
[originalmente en inglés] por Norman Macleod que papá
a menudo leía a su personal.
Confía en Dios
por Norman Macleod
Valor, hermano, no tropieces,
Aunque la senda oscura esté,
Una estrella conduce al humilde
Confía en Dios y haz el bien.
Por pesado que sea el camino
Y por lejano que su fin esté,
Sé valiente aunque te sientas débil,
Confía en Dios y haz el bien.
Mueran políticas y ardides
Muera todo lo que a la luz teme
Sea que pierdas o que ganes
Confía en Dios y haz el bien.
No te fíes de secta, facción ni líder
No te fíes de nadie en la dura disensión
Más bien en toda palabra y acción
Confía en Dios y haz el bien.
Una estrella siempre presente
Guía con seguridad y sencillez
Paz te da, poder te imparte,
Confía en Dios y haz el bien.
Tendrás odios, amores también
Recibirás halagos y desdén
Desiste de humanos, mira hacia arriba,
Confía en Dios y haz el bien.
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