Mart De Haan
Enero - Febrero - Marzo 2003  
El camino a la paz

El protector de pantalla que tengo en mi computadora es un recordatorio diario de una de las cosas más importantes que he pensado en mi vida: "El único camino a la paz mental es ver cada día como una oportunidad de confiar en Dios y amar a la gente."

Muchas veces, el recordatorio de ver toda circunstancia como una oportunidad para lo que de verdad importa ha calmado mi ansiedad y mitigado mi ira.

Archivo de artículos previos
  • La carta de la confianza
  • ¿Qué es una respuesta blanda?
  • Cosas imponderables
  • Dos Ladrones

  • Aunque este dicho no es una cita directa de las Escrituras creo que refleja el corazón de la Carta de Pablo a los Filipenses, la cual escribió desde la prisión. Escrita en las incomodidades de la cárcel, mientras antiguos amigos lo acusaban de ser una amenaza para la sociedad, Pablo echó los cimientos de "la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento" (Filipenses 4:7).

    ¿Dónde encontramos esa paz?

    Lo que sí sabemos acerca de esa paz es que no nos aleja de la preocupación ni del dolor. Tampoco nos va a librar de la lucha interna de las emociones.

    La paz que Pablo describió es una paz de fe profunda y estabilizadora que viene como un regalo del Espíritu de Dios. Es una calma para el alma que nos permite estar seguros de la bondad y la presencia de Dios, incluso cuando las emociones están susurrando y gritando como demonios. Como seguridad de un valor inapreciable, esta paz es más bien cuestión de "conocimiento" y no de "sentimientos".

    Es en este punto donde tenemos que tener cuidado. Aunque la paz de Dios es un regalo del Espíritu Santo, nosotros tenemos que tomar algunas decisiones en tres niveles de nuestra vida.

    Primer nivel: en la superficie, los verdaderos problemas amenazan nuestra paz mental. Puesto que nuestra inclinación natural es dejar que estos asuntos superficiales nos roben la paz, Pablo nos dio dos líneas de defensa. Primero, nos exhortó a que lleváramos todas nuestras inquietudes a Dios de manera que pudiéramos experimentar una paz que está más allá de nuestra capacidad de comprensión (4:6-7). Segundo, nos apremió a enfocar de nuevo nuestros pensamientos en lo que es verdadero, bueno y noble. Dijo que si imitamos su ejemplo, el Dios de paz estará con nosotros (4:8-9).

    Hasta hace poco, yo no comprendía la segunda de estas dos estrategias. Asumía que él estaba diciendo: si ustedes quieren paz, piensen cosas buenas. Sean positivos. No piensen lo peor. Piensen lo mejor sobre la gente y la vida. Mirando atrás, creo que debí haberlo comprendido antes. Pablo no solía evitar las cosas. Cuando él centraba su propia mente en lo que es verdadero, puro y digno de alabanza, enfrentaba sus propias faltas. Iba al rescate de los demás. Se preocupaba hasta llegar a las lágrimas. Era realista sobre el mal humano. Incluso en su Carta a los Filipenses, Pablo enfrentó abiertamente desengaños y conflictos que lo hicieron llorar (3:18). Estaba abogando por una paz que se puede experimentar con Dios en medio de nuestros problemas, no aparte de ellos.

    Segundo nivel: debajo de la superficie, las motivaciones que no se ven moldean nuestras respuestas. Todos nosotros vivimos con obstáculos que están debajo de la superficie y en los que en muchos casos preferiríamos no pensar. Tenemos un interés personal egocéntrico que nos puede robar nuestra paz mental y hacernos parecer peligrosos a los que nos rodean. Es por esas inclinaciones naturales que Pablo nos apremió a dejar que Dios las anulara con el espíritu de Su amor. Sin una preocupación sincera por los demás, no puede haber una paz duradera.

    Sin embargo, lo que yo no vi durante mucho tiempo es que no sirve de nada decir: "Por tu propia paz mental, empieza a amar a los demás y a preocuparte por ellos." El énfasis moral no es la solución. Dios no nos pide que tengamos motivaciones correctas porque eso sea lo correcto. Nos pide que nos amemos sobre la base de "cuestiones fundamentales implícitas".

    Tercer nivel: en un nivel todavía más profundo, las creencias fundamentales moldean nuestras motivaciones. De la misma forma en que hay al menos una motivación invisible detrás de toda acción, así también toda motivación descansa sobre un fundamento de creencia o incredulidad.

    Nuestra tendencia natural es creer a nuestros ojos y deseos. Nos inclinamos más a evaluar nuestro bienestar contando nuestros recursos naturales. Estamos prestos a contar nuestro dinero y nuestros amigos, o a medir nuestra presión arterial y colesterol para formar una creencia acerca de cómo estamos.

    No obstante, desde su celda de prisión, Pablo nos dio un ejemplo distinto. Nos apremió a creer que el Señor está presente (4:5), que Dios mismo nos puede dar una paz que no podemos entender (4:7), y que nuestro Dios proveedor puede ser nuestra fuente de bienestar en todas las circunstancias de la vida (4:13,19). Incluso en sus repetidas apelaciones de motivaciones buenas y nobles (2:3-4), Pablo dijo claramente que una preocupación honesta por los demás debe surgir de nuestra propia creencia de que nuestro Dios está pendiente de todas nuestras necesidades.

    Mart De HaanEsta confianza en Dios era el secreto de la paz mental de Pablo (4:11-13). Ese apoyo fundamental en su Proveedor fue lo que le permitió creer que podía hacer todas las cosas a través de la fortaleza de Cristo, y que Dios supliría todas nuestras necesidades (4:13,19).

    Padre, hemos buscado el contentamiento de muchas maneras y en todos los lugares errados. Hemos considerado nuestro bienestar en términos de nuestros puntos fuertes y no por las debilidades que nos han llevado de vuelta a Ti. Ayúdanos a apoyarnos en Ti, Señor. Danos una paz que podamos conocer incluso cuando no la sintamos.



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