|
Mart De Haan
|
|
| La carta de la confianza
Para los que han conocido las emociones y traiciones del conflicto, las palabras son conocidas: "No puedo olvidar lo que pasó. Ya no confío en ti, y no sé si pueda volver a confiar alguna vez." Esas palabras son como una carta de triunfo. El que la juega gana la mano. No importa qué cartas tenga el otro jugador. Ahora no sirven para nada. Así se siente una persona a quien le dicen: "Lo siento, pero no puedo confiar en ti. Nada de lo que digas o hagas va a cambiar la manera en que me siento."
La confianza mutua es tan importante para las relaciones sanas que podría ser imposible exagerar su valor. No obstante, también tenemos que ser realistas. De una forma u otra, todos perdemos la confianza en los demás, y en un momento u otro, los demás pierden la confianza en nosotros. Por difícil que sea la experiencia hay que tener en cuenta que una pérdida de confianza no es el fin del mundo. ¿Qué podemos hacer cuando perdemos la confianza en los demás, o cuando los demás pierden la confianza en nosotros? Si usted está pasando por esto, espero que alguno de los siguientes pensamientos le ayude. No niegue el dolor de la confianza perdida La misma Biblia dice: "Como diente malo y pie que resbala es la confianza en el hombre pérfido en tiempo de angustia" (Proverbios 25:19). No tenemos que sentirnos mal ni actuar como si hubiera algo malo en nosotros si no pasamos por alto, por amor, los daños de la traición. La confianza perdida tiene que ganarse Cuando defraudamos a los demás, las Escrituras nos enseñan a admitir el daño que hemos hecho a otros y a tomar medidas que confirmen nuestro cambio de corazón. Sin embargo, necesitamos darnos cuenta de que incluso si se concede el perdón, no podemos borrar las consecuencias de una confianza destrozada con sólo decir: "Me equivoqué. Lo siento. ¿Me perdonas?" Por importante que sean las palabras para expresar arrepentimiento y cambio de corazón, solas no son suficientes para renovar la confianza. Dependiendo de la gravedad de la ofensa, pueden necesitarse días, meses o años de conducta fiel para restaurar una confianza traicionada. Al mismo tiempo, si somos nosotros los defraudados, tal vez necesitemos darnos cuenta de que a través de esa devastadora experiencia hemos aprendido una lección importante. Nuestra confianza tiene que estar en Dios La Biblia podría no decir lo que pensamos que dice sobre la confianza en los demás. Aunque hace hincapié en la importancia de ser dignos de confianza, yo no pude encontrar una afirmación directa que diga que hemos de confiar los unos en los otros. Al contrario; una y otra vez la Biblia nos dice que no confiemos en la gente; que maldito es el que pone su confianza en el hombre; y que sólo en Dios se ha de confiar (Salmos 146:3; Proverbios 29:25; Jeremías 17:5,7). Las Escrituras dicen claramente que cuando nuestra más profunda seguridad está en nosotros mismos o en los demás, nos arriesgamos a la decepción e incluso a la desesperación. Dios es el único con quien se puede contar para que cumpla todas sus promesas y sea todo lo que necesitamos. La Biblia nos muestra cómo tratar a los que no merecen nuestra confianza Justo cuando estoy seguro de que la confianza es algo que doy únicamente a aquellos que se la ganan, leo 1 Corintios 13, el cual parece pedir cierto grado de confianza, sea merecida o no. Pablo dijo: "[El amor] todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (v.7). ¿Significa esto que debemos confiarle nuestro dinero a un desfalcador convicto, o nuestros hijos a alguien de quien se sospecha ha abusado sexualmente de niños? No. El amor no ofrece una confianza que dé a un delincuente la oportunidad de volver a cometer el delito. Lo que el amor puede hacer es extender la clase de confianza que permite a los demás demostrar que su confesión, tristeza y arrepentimiento son verdaderos. El amor puede extender la confianza que reconoce lo que Dios puede hacer en un corazón arrepentido. Cuando el arrepentimiento es verdadero, la persona no exige los mismos privilegios y libertad que disfrutaba antes de traicionar la confianza. Una persona que tiene un corazón que está siendo transformado por Dios está dispuesta a rendir cuentas, a dar a los demás razón para restablecer cierto nivel de confianza, lentamente y con un propósito. Cuando la gente que traiciona la confianza no está dispuesta a restaurarla lentamente, o cuando aceptan una confianza limitada como expresión de falta de confianza o incluso como un insulto, nos dan buenas razones para creer que no han experimentado un verdadero cambio de corazón. Dios desea vivir esa clase de amor a través de nosotros
Señor, enséñanos a confiar en Ti por
encima de todo de manera que podamos correr los riesgos de confiarnos
los unos a los otros en amor. |