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En medio de los horrores del holocausto de la Segunda Guerra Mundial, una adolescente judía escribió meticulosamente sus aterradoras experiencias y pensamientos privados. En una porción de su diario, dirigido a una amiga imaginaria que siempre deseó, comparte uno de sus más tormentosos secretos. Puesto que se sentía distante de su madre, quien mostraba indiferencia hacia ella, Ana Frank escribió acerca de su confusa atracción hacia las mujeres: «Recuerdo que una vez, mientras dormía con una amiga, sentí un fuerte deseo de besarla, y recuerdo que lo hice. No podía evitar el sentirme terriblemente curiosa respecto a su cuerpo, porque ella siempre me lo había escondido. . . . Entro en un éxtasis cada vez que veo la figura desnuda de una mujer. . . . Me parece tan maravillosa y exquisita que me cuesta mucho detener las lágrimas que me corren por las mejillas. ¡Ay, si tuviera una amiga!»1 La revelación de Ana Frank es un vivo ejemplo de lo que piensan muchos jóvenes que de vez en cuando experimentan este tipo de atracción. Se alarman y se emocionan en los efímeros momentos o en los sueños en que sus cuerpos se sienten atraídos sexualmente hacia personas del mismo sexo. Algunos dicen que la presencia de estas atracciones califica a una persona de «homosexual». Pero eso no es verdad. Los sentimientos confusos sobre la sexualidad entre los adolescentes son comunes. Las atracciones existen, en parte, por razones que no tienen que ver con la persona, y no significan que la persona sea anormal. Sin embargo, ese sentir es una señal de sentimientos más profundos de dolor, ira y temor. Al igual que la tentación heterosexual, la atracción hacia personas del mismo sexo atormenta las vidas de un número significativo de adolescentes y adultos, hombres y mujeres, solteros y casados, personas que asisten a la iglesia y personas que no asisten. Es una lucha que afecta todos los segmentos de la población, los estatus económicos y las posiciones sociales. La vergüenza y el temor a la condena hacen que muchos, sobre todo los cristianos, oculten su lucha, lo cual hace difícil que busquen ayuda y comprensión. Algunos niegan sus sentimientos con la esperanza de que desaparezcan. Otros viven en una constante desesperación por pensar que no hay ninguna posibilidad de cambio. Si las atracciones se convierten en un pensamiento tenaz, la tentación de abrazar la conducta homosexual es grande. A la lucha se le agrega una creciente aceptación cultural de la homosexualidad y una mala interpretación de lo que la Biblia dice sobre la conducta homosexual. Estas dos fuerzas han hecho que sea más fácil aceptar la homosexualidad como algo «normal». Si usted o alguien cercano a usted está cansado de luchar con la atracción o las actividades homosexuales, las páginas siguientes bosquejan un proceso que ofrece esperanza y dirección para aquellos que están agotados por las garras esclavizantes de fantasías y/o conductas no deseadas. Además hablaremos de la perspectiva bíblica de la homosexualidad y ofreceremos una explicación que puede eliminar cierta confusión innecesaria que existe alrededor de lo que es empezar a sentir una atracción hacia el mismo sexo. Para algunos este material será difícil de aceptar. Pero recuerden que Jesús prometió ofrecer ayuda y libertad a los que están dispuestos a aceptar la verdad (Jn. 8:32). Jeff Olson es consejero con licencia para ejercer del estado de Michigan, EE.UU., y trabaja para el Departamento de Correspondencia de RBC Ministries en Grand Rapids, Michigan. REFERENCIAS 1. The Diary of Anne Frank, pp. 130-131; [Hay traducción al castellano titulada El diario de Ana Frank. Nota del Traductor.]; |
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