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Cuando ardemos de ira
2. La ira productiva y amante.
¿Qué hace que Dios se aíre? |
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por Tim Jackson Eran las 5:05 a.m. cuando Ángela se despertó con el llanto de su bebé. Era la quinta vez esa noche. Ella ni se imaginaba que se podía sentir tanto cansancio. Los cólicos eran algo que Ángela no había planeado cuando dio a luz a su bebé cuatro meses atrás. Anhelaba poder dormir plácidamente por las noches. Pero eso parecía tan sólo un sueño que se esfumaba cada vez más. Su esposo, Guillermo, trabajaba por las noches. Ángela estaba sola. Al tiempo que Ángela se arrastraba de la cama hacia el lugar de donde procedían los gritos del bebé, dando tropezones, no sólo se sentía cansada sino exasperada con su hijo. «¿Por qué me pasa esto a mí? se preguntaba yo no pedí esto. Todo lo que quiero es poder dormir. ¿Es eso mucho pedir?» Por muy cariñosa y tierna que fue con su hijo, todos sus esfuerzos por calmarlo fueron inútiles. El llanto del bebé se intensificaba. El enojo de Ángela iba en aumento. «¡No tienes ningún derecho de destruir mi vida robándome constantemente mi sueño noche tras noche! ¡Ya cállate!» gritó, al tiempo que sacudía al bebé. Su conducta la asustó y al bebé también. En ese momento se dio cuenta de cuán fácil sería para ella maltratar físicamente a su indefenso hijo. Sentía que ardía de ira hacia su hijo a quien amaba entrañablemente. La agitación interna la aterrorizó. Se desplomó sobre el suelo y comenzó a sollozar. Elsa trabaja en un hospital como técnica en radiología. Le gusta su trabajo y lo conoce muy bien. Ayudar a otros siempre le ha producido una gran satisfacción. No obstante, cada vez se le hace más difícil llevarse bien con un médico en particular. Es tan arrogante y dictatorial. Si le hace una sugerencia acerca de una serie de pruebas que él ha ordenado para un paciente, la trata como si ella fuese completamente incompetente y la degrada. De una manera grosera, la deja con la palabra en la boca y se niega a contestar sus llamadas. La última vez que sucedió, Elsa se encolerizó. «Después de todo, ¿quién se cree que es, el muy arrogante? Si no fuera porque es un cirujano ortopédico de mucha antigüedad en este hospital y no me puedo dar el lujo de perder mi empleo, le pondría en su sitio! ¡Quizá así me trate con el respeto que merezco!» Luego tenemos a Pablo. Él y Rosanna estaban comprometidos para casarse en un mes. Sin embargo, una noche, mientras conducían el auto después de una salida, un conductor borracho chocó el auto de Pablo del lado de Rosanna y la mató instantáneamente. Pablo nunca será el mismo. Como recuerdo de esa noche le quedó una rodilla destrozada, y los médicos le dijeron que nunca recobraría el uso de su pierna completamente. Eso significaba un cambio de profesión para Pablo, pues trabajaba reparando techos. Pero Pablo estaba decidido a no darse por vencido. Cinco años después, Pablo parecía estar muy bien. Conoció a Cindy, una terapeuta, durante los dieciocho meses que tuvo que recibir tratamiento de rehabilitación para la rodilla. Desde el principio mismo de la amistad se llevaron muy bien, y a los nueve meses se casaron. La terapia le dio resultado a Pablo y hoy ha recuperado el noventa por ciento del funcionamiento de la rodilla. Aunque todo parece haber sanado bien, las cosas no son como aparentan. Cindy se queja de que Pablo está muy alejado de ella. Siempre que lo enfrenta acerca de algo que ha hecho que la ha molestado, él se retira en total y fría indiferencia. «Es como si estuviese tan lejos que no puedo llegar a él por mucho que lo intente. Ha puesto una barrera de hielo entre nosotros y no sé que hacer. No puedo seguir viviendo así. Yo deseo a alguien que quiera estar conmigo.» ¿Qué tienen en común Ángela, Elsa y Pablo? Todos están luchando con una de las más poderosas emociones conocidas por el hombre: la ira. La ira de Ángela creció hasta el punto de convertirse en una madre abusiva para con su hijo. Elsa sentía rabia hacia su compañero de trabajo, pero no la expresó. Pablo se tragó su ira y decidió que el mejor curso de acción era enterrarla y esperar que desapareciese. Ira. Raras veces pasa un día sin que sintamos cierto tipo de ira. Por eso es tan importante hablar sobre nuestra ira: lo que es, cómo nos afecta, y cómo podemos aprender a manejarla de una manera constructiva y no de una manera destructiva. Sólo cuando exponemos las raíces de nuestra ira podemos aminorar su explosivo potencial. |
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Título del original: When Anger Burns Traducido por: R. Mercedes De la Rosa Foto de la cubierta: Michael Forrest Las citas de las Escrituras son tomadas de la versión Reina-Valera, revisión de 1960. Copyright © 1960, 1986, Sociedades Bíblicas Unidas. Copyright © 1994 Radio Bible Class, Grand Rapids, Michigan Printed in USA |