SERIE DISCOVERY

Contenido
La historia de los problemas sexuales
La raíz de los problemas sexuales
El diseño de Dios para desear
El escabroso camino de regreso

Creados para desear
El diseño divino de
la sexualidad humana



Por Tim Jackson y Mart De Haan II

Francisco saludó al consejero con una sonrisa forzada cuando éste llegó al restaurante. Después de una breve e incómoda conversación, Francisco bajó la mirada. Jugó con el palito de remover el café. Le temblaban las manos y la voz.

El consejero nunca antes había visto a Francisco así (éste no es su nombre verdadero). Siempre había sido alegre y optimista. Su esposa, con quien había estado casado cinco años, y sus dos hijos lo adoraban. Le iba muy bien en su posición de analista de sistemas. Asistía a la iglesia con regularidad. A primera vista, todo parecía ir bien, pero eso estaba muy lejos de ser verdad.

En los minutos siguientes, Francisco dijo que había tenido una aventura amorosa con una compañera de trabajo, la cual había quedado embarazada. Se produjo un largo silencio. Francisco se había puesto pálido. Seguía con los ojos clavados en la mesa. «No era mi intención que sucediese, pero no he encontrado nada en mi casa. Patricia ha estado muy ocupada con los niños y ya no tiene tiempo para mí. Ha estado demasiado cansada como para interesarse en mí desde que nació Roberto, pero no se merecía esto. Lo he echado todo a perder. No sé qué hacer. No tengo valor para decírselo a Patricia. Esto la matará. Probablemente. . . no podría soportar perderla a ella y a los niños. No puedo creer que haya hecho esto.»

Francisco necesitaba ayuda. A pesar de que llevaría la carga de sus propias decisiones, también había llegado a un punto en que necesitaba el apoyo de alguien para soportar el peso de lo que había hecho. Necesitaba amigos que lo ayudaran a reconciliarse con Dios y con aquellos a los que había herido.

Una enfermera, a quien llamaremos Juana, trabaja en un hospital de la ciudad. Externamente es atractiva y competente. Internamente se está muriendo. Juana cuenta la triste historia de que de niña fue víctima de abuso sexual y luego estuvo casada dieciocho años con un hombre que abusaba de ella física y sexualmente. Desde que se divorció seis años atrás, se ha tratado con varios hombres del grupo de solteros de su iglesia y del hospital. Con todos ha tenido relaciones sexuales. A la larga, dice Juana, todos la han dejado.

Juana decía entre sollozos: «Sé que lo que hago está mal. Pero parece que no soy capaz de detenerme. Siempre me hago la promesa de que nunca volverá a ocurrir. Pero nada parece dar resultado. Los hombres con los que salgo esperan que después de un par de invitaciones me acueste con ellos. Sé que ellos no son los únicos culpables. Parece que necesito mucho afecto y seguridad. Sólo deseo a alguien que me abrace, que me ame. Me siento sola. ¿Qué es lo que me pasa?»

La respuesta a la pregunta de Juana también se aplica a Francisco y al resto de todos nosotros. Nuestra inclinación es entender mal la capacidad que Dios nos ha dado de tener intimidad y deseos. Nuestra tendencia es o bien negar y matar nuestras pasiones, o bien satisfacerlas temporalmente en formas que sólo multiplican nuestra frustración y autodesprecio.

Otra tendencia que tenemos es la de no ver la diferencia entre necesidades y deseos mal dirigidos. Hace mucho tiempo aprendimos que cuando tenemos sed necesitamos agua, cuando tenemos hambre necesitamos comida, cuando estamos cansados necesitamos dormir. Por lo tanto, es fácil asumir que cuando sentimos deseo sexual necesitamos satisfacernos con una relación sexual real o imaginaria.

Nuestra cultura reafirma esa idea. La industria y los medios de comunicación han hecho un arte de la seducción sexual. Estamos rodeados de aquellos que saben que se pueden ganar la vida avivando el fuego del deseo sexual. Las industrias de la televisión, la radio, la música, el video, el cine, el libro, la publicidad y la ropa explotan nuestros mal entendidos y mal dirigidos anhelos de intimidad y satisfacción.

Sin embargo, la verdad es que no necesitamos la clase de experiencia sexual que nos roba las oportunidades de amistades y relaciones a largo plazo. No necesitamos una relación física y sexual que sea distintamente masculina o femenina. La conquista sexual fuera del matrimonio no es una señal de libertad, valía personal ni sofisticación.

Si te has perdido en la oscuridad de nuestro sexualizado mundo, hay un camino de regreso. Hay una forma de estar seguros del perdón de Dios. Pero primero es importante tener un claro entendimiento del problema. A pesar de que parte del material que sigue a continuación puede resultar doloroso de leer, es esencial que sepamos lo que Dios piensa de las conductas sexuales que no están de acuerdo con su diseño para el deseo. Las perspectivas de recuperación son mucho mejores si estamos dispuestos a escuchar atentamente la voz de Dios.


 


Título del original: Designed for Desire
Foto de la cubierta: Michael Forrest
Traducción: Mercedes De la Rosa
Las citas de las Escrituras son tomadas de la versión Reina-Valera, 1960.
Copyright ©1996 RBC Ministries, Grand Rapids, Michigan Printed in USA