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Faltan el dinero y las tarjetas de crédito. Las gavetas del tocador parecen saqueadas. No están las joyas de la familia. Hay una cerradura rota. Se ven algunas huellas. ¿Qué pasó? ¿Acaso hemos extraviado los artículos perdidos? ¿Podría un niño vecino haberse puesto los zapatos de su papá y jugado en nuestros arbustos? ¿Deberíamos llamar a la policía? ¿Y si los investigadores nos acusan de tratar de cobrar el seguro? ¿Cómo vencemos la duda en nosotros mismos y en otros? ¿Qué está en juego? ¿Qué vamos a hacer? Los que consideren las líneas convergentes de la evidencia resumida en las páginas siguientes han de contestar preguntas similares. Aunque los asuntos son cuestión de fe, la evidencia es verdadera y a nosotros nos toca decidir. Martin R. De Haan II |
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