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¿Dónde podemos ir cuando estamos demasiado perturbados para pensar claramente, cuando el vacío interior parece agobiarnos y nuestros temores son como un mar intranquilo, agitado, que no se calma? ¿Dónde pueden las almas lastimadas encontrar un lugar de descanso, un refugio, un lugar para renovar la fe, la esperanza y el amor en medio de su dolor? El Dios de toda consolación puede ser ese lugar. Pero, ¿bajo que condiciones nos da Dios consuelo? El apóstol Pablo nos lo dice en 2 Corintios. Escribimos este folleto pidiendo en oración que sus respuestas se conviertan en tus respuestas también. Martin R. De Haan II |
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