El no rendir cuentas
Las personas no llegan a ser maduras espiritualmente haciendo lo que se les ocurre naturalmente. Tampoco crecen en la semejanza a Cristo si se las deja solas. Ni siquiera los cristianos más fuertes deben estar solos. Jesús enseñó a sus discípulos, no sólo a hacer conversos, sino también a enseñarles su doctrina (Mateo 28:19,20). Unos años más tarde, el apóstol Pablo comparó a los seguidores de Cristo con un cuerpo humano en el que todos los miembros dependen los unos de los otros (1 Corintios 12). Aunque muchos en nuestros días han desarrollado un espíritu de independencia, esa actitud no refleja el plan original de Cristo para su Iglesia. Dejó claro que llama a su pueblo, no sólo a Sí mismo, sino también los unos a los otros.
No estás solo . . .

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