Un corazón no examinado
Como maestro del corazón, Jesús nos recordó que las motivaciones sin examinar pueden convertirse en formas complicadas de autoengaño. Muchos años antes, el profeta Jeremías reconoció los peligros de la «oscuridad interior» al escribir: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17:9). La psicología moderna ha confirmado nuestra tendencia a evitar el dolor emocional a través de sutiles formas de transferencia y negación. Ha documentado hábitos del corazón por medio de los cuales tratamos de adormecer el dolor de la culpa real o falsa. Sin embargo, la psicología no puede cambiar el corazón. Todos tenemos razones para unirnos al rey David en su oración: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno» (Salmo 139:23,24).

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