Relaciones peligrosas


Jesús era conocido por las personas que lo rodeaban. Comía y bebía con personas con las que otros líderes religiosos ni pensaban en asociarse. Pero Jesús no comía y bebía con esas personas porque se sentía atraído hacia su estilo de vida. Lo hacía para ser el mejor amigo de los pecadores. Con las motivaciones erradas, las relaciones que Él cultivaba hubieran sido peligrosas. Sin sus propósitos firmes y llenos de amor, la acusación de que era «amigo de pecadores» podría haber sido más dañina. Su propio apóstol Pablo escribió más tarde: «No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis...» (1 Corintios 15:33,34). Aun el sabio rey Salomón pagó caro por esas relaciones prohibidas (1 Reyes 11:1-13). La confusión resultante lo llevó a actuar como alguien que nunca había conocido a Dios (Eclesiastés 1-12).

Tendencias sin cambiar


[Desilusión con Dios] [Distracción] [Relaciones peligrosas] [Tendencias sin cambiar] [El apoyarse en sí mismos]
[Falta de oración] [Descuido] [Un corazón no examinado] [Un enemigo invisible] [El no rendir cuentas]




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