Sus amigos lo adoraron
Cuando Tomás, uno de los discípulos de Jesús, vio al Cristo resucitado exclamó: «¡Señor mío, y Dios mío!» (Juan 20:28). Años más tarde, Juan, un amigo cercano de Jesús y seguidor suyo, escribió: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:1-3,14). Pedro, otro de sus amigos, en una de sus cartas a la iglesia primitiva, se dirigió a sus lectores como a «los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra» (2 Pedro 1:1).
Los enemigos de Jesús lo acusaron de blasfemia

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