Aunque inesperado, fue profetizado claramente
Los discípulos fueron tomados por sorpresa. Esperaban que su Mesías restaurara el reino de Israel. Sus mentes estaban tan fijas en la venida de un reino político mesiánico que no esperaban los eventos esenciales para la salvación de sus almas. Deben haber pensado que Cristo hablaba en un lenguaje simbólico cuando decía una y otra vez que era necesario que fuera a Jerusalén a morir y a resucitar de entre los muertos. No supieron ver el significado obvio de las palabras de Aquel que hablaba en parábolas hasta mucho después de que todo terminara. En ese proceso, tampoco se fijaron en las predicciones del profeta Isaías de un siervo sufrido que llevaría los pecados de Israel, que sería llevado como cordero al matadero, antes que Dios le concediera vivir «por largos días» (Isaías 53:10).
Era el clímax apropiado de una vida milagrosa

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