La religión no ofrece la aprobación de Dios
Jesús reservó sus mayores críticas para los religiosos que utilizaban su reputación espiritual para recibir atención y honores sociales. A ellos fue que Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas» (Lucas 11:43). Luego, hablando con sus discípulos, dijo de los fariseos: «Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres» (Mateo 23:5). Jesús se daba perfecta cuenta de que la práctica religiosa considera más importante y deseable la opinión y la atención de los hombres que la aprobación de Dios.
La religión nos hace hipócritas

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