La religión da mucha importancia a lo trivial
Jesús habló a los religiosos apasionados por los detalles cuando dijo: «Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello» (Lucas 11:42). Jesús ve nuestra tendencia a hacer reglas y a concentrarnos en el comportamiento «moralmente correcto» en vez de mantener nuestros ojos en lo más importante, que es porqué tratamos de hacer lo bueno. Aunque los fariseos eran muy celosos de llevar sus conocimientos hasta sus últimas conclusiones lógicas, olvidaron que a Dios no le importa cuánto sabemos hasta que le demostremos cuánto lo amamos. Fue pensando en este «porqué» que el apóstol Pablo escribió: «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve» (1 Corintios 13:1,3).
La religión no ofrece la aprobación de Dios

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