Los efectos prácticos
El creer en la vida después de la muerte es una fuente de seguridad personal, optimismo y mejoría espiritual (1 Juan 3:2). Nada produce más valor que la confianza de que hay una vida mejor para aquellos que utilizan el presente para prepararse para la eternidad. El creer en las oportunidades ilimitadas de la eternidad ha permitido a muchos sacrificar sus propias vidas en beneficio de aquellos a quienes aman. Fue su creencia en la vida después de la muerte que permitió a Jesús decir: «Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (Mateo 16:26). Es esa misma verdad la que llevó al mártir cristiano Jim Elliot, quien murió en 1956 a manos de los indios aucas, a decir: «No es tonto el que da lo que no puede retener, para ganar lo que no puede perder.»
No estás solo . . .

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