Las injusticias de la vida
Sería difícil creer que la vida es buena si supiéramos que no hay nada más allá de la tumba que compense los problemas de desigualdad y las injusticias. Aunque algunas personas parecen estar destinadas a ser felices, otras nacen en medio de relaciones y circunstancias terribles. Si pudiéramos estar seguros de que no existe nada para balancear la distribución desigual del sufrimiento, muchos tendrían razón para maldecir el día de su nacimiento por la manera en que la vida los ha tratado (Job 3:1-3). Podríamos estar de acuerdo con el rey Salomón, quién en un momento bajo de su vida dijo: «Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador. Y alabé yo a los finados, los que ya murieron, más que a los vivientes, los que viven todavía. Y tuve por más feliz que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen» (Eclesiastés 4:1-3).

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