En las crisis nos encontramos mutuamente
Nadie escogería el dolor y el sufrimiento. Pero cuando no hay opción, hay una fuente de consolación. Los desastres naturales y los tiempos de crisis nos unen. Los huracanes, los fuegos, los terremotos, las revueltas, las enfermedades y los accidentes tienen el poder de volvernos en sí. De repente recordamos que nosotros mismos somos mortales y que las personas son más importantes que las cosas. Recordamos que sí nos necesitamos los unos a los otros y que, sobre todo, necesitamos a Dios.
Cada vez que descubrimos la consolación de Dios en nuestro propio sufrimiento, nuestra capacidad de ayudar a otros aumenta. Esto es lo que el apóstol Pablo tenía en mente al escribir: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios» (2 Corintios 1:3,4).
Dios puede usar el sufrimiento para nuestro bien

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