El sufrimiento nos lleva al borde de la eternidad
Si la muerte es el fin de todo, entonces una vida llena de sufrimiento no es justa. Pero si el fin de esta vida nos lleva al umbral de la eternidad, entonces las personas más afortunadas del universo son aquellas que descubren, a través del sufrimiento, que esta vida no es todo por lo que tenemos que vivir. Aquellos que se encuentran a sí mismos y a su Dios eterno a través del sufrimiento no han malgastado su dolor. Han dejado que su pobreza, sufrimiento y hambre los lleven al Señor de la eternidad. Son los que descubrirán para su propio gozo eterno por qué Jesús dijo: «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5:1-12; Romanos 8:18,19).
El dolor nos hace aferrarnos menos a esta vida

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