El dolor nos advierte del peligro
Odiamos el dolor, especialmente cuando aflige a aquellos que amamos. Sin embargo, sin él, los enfermos no irían al médico, los cuerpos cansados no descansarían, los criminales no temerían a la ley, y los niños se reirían de la corrección. Sin la acusación de la conciencia, la insatisfacción diaria del aburrimiento o el anhelo vacío de significación, los seres humanos, que fueron creados para encontrar satisfacción en un Padre eterno, se conformarían con mucho menos. El ejemplo de Salomón, atraído por el placer y enseñado por su dolor, nos muestra que hasta los más sabios entre nosotros tendemos a alejarnos del bien y de Dios hasta que nos detenemos frente al dolor que causan nuestras malas decisiones (Eclesiastés 1-12; Salmo 78:34,35; Romanos 3:10-18).
El sufrimiento revela lo que hay en nuestros corazones

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