Su afirmación fundamental
Los primeros cristianos no estaban motivados por la disensión política ni social. No fueron teólogos con muchas credenciales ni tampoco filósofos sociales. Eran testigos. Arriesgaron sus vidas para decir al mundo que con sus propios ojos habían visto a un hombre inocente morir y luego caminar milagrosamente entre ellos a los tres días (Hechos 5:17-42). Su argumento era muy concreto. Jesús fue crucificado bajo el gobernador romano Poncio Pilato. Su cuerpo fue enterrado y sellado en una tumba prestada. Se colocaron guardias en la tumba para evitar que la profanaran. Sin embargo, luego de tres días, la tumba estaba vacía y los testigos estaban arriesgando sus vidas para declarar que Él estaba vivo.

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